Continuarán… Muerte e Impuestos: Las dos únicas cosas ciertas en la vida
sábado, 25 de abril de 2026
Rodrigo Lozano Vila
Planeación supone elaborar escenarios para diseñar esquemas que permitan actuar de una u otra manera frente a la ocurrencia de los eventos. La muerte y los impuestos son dos eventos ciertos en la vida sobre los cuales existe, en muchas personas, un gran nivel de preocupación. Hoy en día, billonarios invierten fortunas tratando de prolongar su existencia. Se dice que el mismo Walt Disney ordenó que se congelara su cuerpo por si llegara a darse la posibilidad de que avances médicos pudieran traerlo de nuevo a este mundo.
Es cierto que, con la muerte, por lo menos en nuestro entorno, se genera una transmisión universal del patrimonio de quien fallece a sus herederos, dando lugar a lo que se conoce como un hecho generador de impuesto que, al producir una ganancia en cabeza de quien recibe la herencia, impone el pago de un tributo; a esto se le conoce como ganancia ocasional. Quien ve con claridad que va a morir (sí, algún día todos moriremos) y ha trabajado toda su vida formando un patrimonio, le molesta que la transmisión de este tenga un peaje y que 15% deba quedarse en manos de la administración de impuestos. Los planes de sucesión deben elaborarse con muchos años de anticipación, para no derivar en figuras mal elaboradas, con visos de ilegalidad, asomos de simulación y, sobre todo, para no carecer de un elemento esencial: el propósito. Un propósito que vaya más allá de no pagar impuestos. El “porqué”, que luego nos permite definir el qué y el cómo. Suele suceder que, con un llamado o advertencia sobre nuestra inmortalidad, como un infarto o el anuncio de una enfermedad grave, el gestor y propietario del patrimonio, habiendo estado muy ocupado haciendo dinero y no tanto ocupándose de lo importante, llame a sus asesores y disponga: “quiero”, “hay que”, “tenemos que”… enfilando las baterías hacia la elaboración de un plan de sucesión -no solo del patrimonio, sino del mando- que, en muchos casos, por la premura del tiempo, resulta inocuo, mal ejecutado y se convierte en tierra fértil para el conflicto.
El nombre del juego en un plan de sucesión patrimonial es la inclusión. Sí, incluir a la familia, desde el principio, en un proceso que se plantee desde el propósito: preservar el patrimonio para transmitirlo eficientemente a la siguiente generación, lograr la continuidad del negocio familiar y preservar las relaciones familiares. Este es, sin duda, un propósito loable que respondería al “porqué”. El qué y el cómo vendrán por añadidura; un menor pago de impuestos podrá resultar y el final de los días será más llevadero. Un día, nuestro cuerpo se separará de nuestra alma y tomarán caminos diferentes. El espíritu del patriarca fundador, del empresario arriesgado, del emprendedor, de los hijos que rescataron el patrimonio de su padre debe perpetuarse a través de la transmisión de otro tipo de legado, este sí, sin impuestos de ninguna clase: el legado inmaterial. Trabajemos, entonces, por tomar conciencia sobre la existencia inevitable de la muerte y de la necesidad de anticiparnos muchísimos años a ella, desarrollando todas y cada una de las actividades de nuestra existencia como un pequeño abono a nuestro plan de sucesión y transmisión de nuestros activos tangibles -patrimonio- e intangibles: nuestra esencia y legado.