Continuarán… Productividad y eficiencia
martes, 20 de enero de 2026
Rodrigo Lozano Vila
En el mundo empresarial se imponen los criterios de organización y eficiencia. Ya sea porque fueron inculcados por el fundador, desarrollados a lo largo de los años, o porque la misma competencia y el entorno lo exigen.
A nivel de la planeación en la familia empresaria, es imperativo que los criterios de organización y eficiencia sean traídos a la mesa para fortalecer los procesos, mejorar las discusiones, y fomentar las dinámicas y ejercicios familiares. Un entorno ordenado, procesos documentados, protocolos para determinadas situaciones, planes para enfrentar mejor las situaciones inesperadas y una visión de anticipación a los eventos del futuro son apenas algunos de los aspectos a tener en cuenta para lograr el éxito en cualquier proceso de estructuración de un plan de continuidad.
La doctrina lo ha reseñado con particular énfasis: la sucesión y el tránsito generacional no son momentos, son procesos que requieren muchísimas horas de trabajo previo en los foros adecuados, en las mesas de reuniones, en el marco de discusiones organizadas, respetuosas y con agenda. No deben ser procesos improvisados ni temas que vienen a la mesa únicamente cuando un evento puntual o la coyuntura lo imponen. Ser productivo y eficiente, cuando lo urgente desplaza lo importante, cuando la familia está muy ocupada gerenciando el negocio y conteniendo sus “asuntos no resueltos” no es posible.
La productividad y la eficiencia se logran con una mente clara y despejada, cuando existe una agenda previamente definida para avanzar en la discusión de temas sensibles, en la planeación tanto empresarial como familiar y en el diseño y estructuración de un plan de continuidad. De otra forma, se cae en el lugar común de lo urgente desplazando lo importante y relegando los valiosos espacios de discusión y planeación a momentos donde las partes interesadas no tienen ni el foco ni la concentración necesarias para producir efectos positivos.
El respeto de los foros es particularmente importante. Siempre recomiendo no hablar de negocios el domingo en el almuerzo donde la abuela, con yernos y nietos a bordo, como tampoco se debe hablar de los asuntos familiares, problemas internos y temas sensibles en la sala de juntas de la empresa o enfrente de los directivos y empleados. El lugar para las reuniones, la forma de convocar a las mismas, con una agenda previa y una antelación suficiente, haciendo sentir importante a los convocados para motivar su participación, puede ser un punto de partida para estructurar dinámicas productivas de trabajo, tanto en el marco empresarial como familiar.
En mi criterio las reuniones eternas, donde quien las convoca es el único que habla y no hay una temática clara, son una invitación para no querer volver. De la misma forma, invadir los espacios familiares con discusiones de negocios y temas sensibles constituye no solo una falta de respeto con los familiares no involucrados en el negocio sino que inhibe los procesos de conexión e interacción familiar, vitales para la continuidad.
Pensemos en un 2026 donde seamos productivos y eficientes, buscando foros y espacios adecuados para las actividades, según su temática e importancia. Actuar con rigor, disciplina y orden es un primer buen paso.