Licencia para operar

Sandra I. Fuentes Martínez

Se habla con frecuencia que vivimos en una crisis de valores, que no se viven los principios y que la sociedad debe redefinir su forma de actuar frente a las necesidades urgentes que se tienen en todos los ámbitos sociales, económicos, ambientales y políticos. Los comportamientos se determinan por la capacidad de tomar decisiones responsables en un marco moral de respeto, y esto se llama ética.

Adela Cortina plantea dos perspectivas de la ética: La ética como saber práctico, que se preocupa por conocer cuál debe ser el fin de las acciones, permite identificar los hábitos que se deben asumir, y los valores orientadores para tomar decisiones acertadas. La segunda perspectiva es la ética cívica, que consiste en el mínimo de valores y normas que los miembros de una sociedad comparten, sean cuales fueren sus cosmovisiones con el objetivo de alcanzar la convivencia

El saber práctico permite definir la empresa éticamente impecable como la que logra desarrollar su objetivo principal de satisfacer necesidades humanas, al fomentar la cooperación y no el conflicto entre sus miembros, porque a todos los debe unir un interés común, la solidaridad, la corresponsabilidad y todo ello en un marco de justicia. Adicionalmente, evidencia que las organizaciones deben tener como valores irrenunciables la calidad en los productos y gestión, la honradez en el servicio, el mutuo respeto y solidaridad en las relaciones internas y externas para alcanzar la cooperación, y debe tener la capacidad de explorar nuevas alternativas de gestión para beneficiarse; por tanto, contar con espíritu de riesgo, creatividad e iniciativa.

En pocas palabras, la ética desde el saber práctico orienta los comportamientos de las organizaciones para alcanzar su objeto social, es decir, direcciona la cultura organizacional.

Por otra parte, la ética cívica abre el camino a la posibilidad de la convivencia pacífica y del relacionamiento de la organización con su entorno y dintorno, basado en valores de libertad, igualdad, solidaridad y responsabilidad encarnados en los Derechos Humanos. Los mínimos éticos permiten una convivencia enriquecedora desde la tolerancia activa, el diálogo, la conciliación y el respeto a la diversidad para construir sociedad. En este sentido Savater afirma que, la organización tiene la capacidad de formar sociedad, por ser un principio deontológico que es la responsabilidad social, porque más allá de entregar bienes y servicios, las empresas tienen la capacidad y el deber de aportar a crear sociedades armónicas.
Si la organización tiene esta capacidad de crear sociedad, debe también aportar a un desarrollo con equidad; por ello, Amartya Sen, en su libro de Desarrollo y libertad, plantea que el modelo actual de acumulación de capital sin una correcta distribución, y la idea del desarrollo basado únicamente en el crecimiento económico, ha demostrado grandes limitaciones para alcanzar un desarrollo ético y equitativo.

La ética, por tanto, es el marco moral de respeto que le otorga la “licencia social para operar” a las organizaciones, además permite fortalecer la construcción de confianza con sus grupos de interés, posiciona nuevamente al ser humano en el centro de la empresa y es la condición necesaria para ser una empresa socialmente responsable. Finalmente, en palabras de Adela Cortina: “la ética de las organizaciones es indispensable para reconstruir el tejido de una sociedad, para remoralizarla”.

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