Más allá de cuatro años

Sandra I. Fuentes Martínez

Dentro de nueve días, conoceremos los resultados electorales de la primera vuelta para elegir al Presidente de la República, la elección que tomarán los colombianos sobre las propuestas para continuar avanzando en la construcción de un país más justo, equitativo y en paz.

La construcción de un país es un proceso continuo, en el que algunos gobiernos avanzan más que otros; la diferencia radica en la protección de la esencia de un país como es la vida de sus habitantes, su medio ambiente y quién aportó al desarrollo humano, entendido este como el proceso de una sociedad para mejorar las condiciones de vida, de manera que las personas puedan desarrollar al máximo su potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses. Ello implica ampliar las oportunidades para vivir una vida que cada persona valore (Concepto del Pnud).

Bajo ese concepto y teniendo una mirada del contexto actual de país y de región, se debe considerar que el derecho al voto implica también un deber, deber asumido con responsabilidad, que requiere de tiempo para analizar el perfil de los candidatos que aspiran a liderar el rumbo de casi 50 millones de colombianos y conocer sus propuestas. La responsabilidad de una decisión no solo frente a cuatro años de mandato, sino a los años siguientes donde se vivirán las consecuencias por las decisiones que asuman el Presidente de la República y su equipo de Gobierno, en relación con el desarrollo humano.
Analizar implica tener fuentes fidedignas, es decir, dignas de fe en lo que se puede confiar y merece ser creído, con datos y documentos presentados de forma concreta y clara, con esquemas alejados de rumores, manipulaciones u opiniones sin fundamento. Adicionalmente, la decisión no se debe tomar basados en el miedo ni tampoco con perspectiva triunfalista. El miedo es un arma que persuade a tomar decisiones con la promesa de obtener seguridad y tranquilidad, frente a escenarios que generan amenaza o incertidumbre; esta práctica, difundida por diferentes medios y redes sociales; es una estrategia de manipulación para que el elector entregue su voto y libertad a cambio de una seguridad imaginaria frente a futuros problemas que pueden ser no reales.

Por otra parte, la perspectiva triunfalista inclina la decisión por quien aparentemente tiene mayor intención de voto, con el ánimo de estar en el equipo triunfador. Coloquialmente se habla de “no voy a perder mi voto y por eso lo daré a quien más posibilidades tenga de ganar”. Este sofisma o argumento falso que pretende hacer pasar algo por verdadero, lleva realmente no a ganar, sino a perder el voto, al no elegir al más preparado, sino elegir al más popular. A ello también se suma la actitud de atajar, de dar el voto sin importar a quien, con el ánimo de evitar que otro gane. En estos dos escenarios se entrega un derecho y no se cumple con el deber de la democracia.

No se puede perder de vista que lo que se elige no es solo un candidato, es lo que él representa, y de quienes está rodeado, porque ellos serán su equipo de trabajo que definirán las políticas públicas. Lo que también se elige es la forma como se vivirá el futuro próximo, lo que se elige es la oportunidad de avanzar por el bien común, lo que se elige es la opción de vivir en un nuevo país sin un conflicto armado, lo que se elige es la capacidad de imaginar nuevas posibilidades para nuestro presente y las generaciones futuras.

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