Análisis 19/09/2026

La bomba de corrupción en Ecopetrol

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Cuando el país no creía que hubiese algo más apestoso que la corrupción de la Ungrd, resulta que ese escándalo, comparado con lo que sucedió en la empresa estatal más importante del país, necesita verse con lupa. Esta semana hubo un revolcón en la compañía de la iguana, que el gobierno anterior atacó desde dos frentes. Primero, quiso parar la exploración y explotación de hidrocarburos en la lógica del decrecimiento, a pesar de que los expertos siempre señalaron que el aporte de Colombia a las emisiones de gases contaminantes en el mundo era nimio.

La petrolera empezó a reducir año tras año sus utilidades, en coherencia con esa promesa: bajó de $30 billones a $9 billones en la administración pasada. Una barbaridad. Pero lo segundo, y más grave, es que la compañía gerenciada por Ricardo Roa permitió que allí empezaran a tener influencia personas que nunca debieron tenerla.

Esta semana, en el noticiero del mediodía de La FM, dimos algunos nombres y contamos la historia del expresidente encargado Juan Carlos Hurtado, el hombre que dirigió la empresa en medio del escándalo de las dos imputaciones contra Roa. Hurtado es un ingeniero profesional con mérito que trabajaba en la administración de Felipe Bayón, antes del gobierno Petro. Cometió el error de irse de vacaciones durante un accidente de filtración de petróleo al río Magdalena y en ese momento a su jefe le pareció una insensatez y lo sacó de la organización. Hurtado se fue a trabajar a TGI, donde conoció a Roa, hizo relaciones y se volvió un hombre de confianza.

Al ganar Petro y designar al nuevo gerente de campaña como presidente de la estatal, Hurtado regresó a Ecopetrol. Poco a poco, los catalanes, con Manuel Grau y Eva Ferrer a la cabeza, intentaron lograr influencia en la toma de decisiones. Ferrer quiso que el departamento de comunicaciones le asignara un presupuesto enorme para la publicación y la logística de exposición de un libro que escribió, pero a la jefa de prensa de la entidad le pareció un exabrupto y se negó. Cómo no: era el presupuesto de pauta de un año. Tras ese rechazo llegaron las presiones y su cargo se puso en riesgo.

Del otro lado, Grau se acercó a Hurtado y quiso poner gente suya en las vicepresidencias. La primera y más importante era la de Producción. Allí desplazaron a un hombre llamado Jorge Osorio. Designaron también en otra, la de Proyectos y Perforación, a una ficha clave.

Ambas manejaban los negocios más grandes de la empresa por una razón. Querido lector, imagine usted estas cifras: el contrato de servicios para la ejecución de un taladro en un pozo de Ecopetrol cuesta entre US$1 y US$2 millones al mes. En ese momento, la compañía podía llegar a tener 40 o 50 taladros operando en campo al mismo tiempo.

Quienes hacían los contratos para la prestación de esos servicios eran dichos vicepresidentes. Las cifras de la industria petrolera son, en general, gigantescas, desproporcionadas. Por eso tanto interés.

La influencia en la empresa y en los contratos se concretó y nadie se dio cuenta. La pregunta, ante todo lo que estamos descubriendo hoy, que es apenas la superficie, es dónde estaban Gregorio Eljach, Luz Adriana Camargo y Carlos Hernán Rodríguez. Los entes de control nunca vieron nada, aunque todo el mundo adentro lo sabía.

Decenas de oyentes me escribieron esta semana para darme más datos de la bomba de corrupción en Ecopetrol. Aquí van algunas preguntas. ¿Por qué había tanto interés en entregarle unos campos de explotación en Puerto Magdalena a Jorge Moreno? ¿Qué pasó con el contrato marco de construcción? ¿Quiénes son Rey Corona, Bola Ocho y el Bachiller?
Lo que hay en Ecopetrol es tela, bastante tela, por cortar...

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