Análisis 31/10/2026

Lecciones no aprendidas

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El Gobierno tiene razón en lo fundamental. Pero el camino político es muy distante de lo técnicamente recomendable en lo económico. El anuncio del proyecto de la reforma tributaria, llamada por el vicepresidente José Manuel Restrepo ley de rescate fiscal, es una decisión técnicamente deseable. Lo es también dada la gravedad de la realidad del déficit, la deuda, los TES puestos a 13 % y el gasto estatal desbordado del gobierno anterior que llevó a una repartija burocrática de OPS nunca antes vista.

Pero desde el capital político el camino es otro muy alejado, difuso y poco viable. El Gobierno decidió dar todas las batallas al tiempo iniciando la administración. Lo que han llamado desde los principales asesores del ejecutivo la batalla cultural impactó una pelea con el sector del arte y de la memoria histórica que enciende las pasiones de los jóvenes y de comunidades que sienten que frente a su realidad lo único que tienen y que han ganado en sus luchas es justamente su historia. Dar la pelea de la batalla cultural con la decisión de las obras en el Museo Nacional, la de la JEP, y la fiscal y tributaria al mismo tiempo es arriesgado para el ajedrez del poder.

Es comprensible que el Gobierno calcule que el capital político con el que se eligió sea enorme y esté poco gastado en el primer semestre de la administración. Justamente por esa premisa que puede ser un error fundamental, los gobiernos con inteligencia emocional deben dar una batalla a la vez. Creer que el respaldo electoral es invariable y que la popularidad no se puede perder es fallar en la estrategia.

Lo primero que queda claro es que el vicepresidente Restrepo mintió. Dijo en campaña que los impuestos habían llegado ya a un límite inaceptable y que su Gobierno no los subiría. “Ya estamos en el límite, estamos pagando el tope máximo del impuesto de renta corporativo, uno de los topes máximos en impuesto de renta en persona natural y un IVA altísimo. Es inviable”, dijo entonces con la camiseta de la Selección Colombia.

Pocos meses después, desde la Plaza de Bolívar anunciando la reforma, su discurso comenzó con una frase que no se entiende entonces. “En representación del presidente Abelardo de la Espriella quiero iniciar hablando con la verdad. Este ha sido siempre el actuar del gobierno del presidente. Hablar con la verdad, nada de mentiras, nada de discursos falsos”.

En la campaña lideré un foro para Procentrismo en el que estaba el doctor Restrepo, un hombre decente preparado y serio. Habló allí de la gravedad de la situación fiscal y el déficit absurdo que dejaba el Gobierno. De manera que decir hoy que no conocían la realidad de las cifras es también poco creíble. Y es justo decir que la deuda impagable inició también en la pandemia por obvias razones.

Aún con la famosa frase de Cuomo “se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa”, la administración cabalgó sobre la promesa de no subir los impuestos. Y su primer proyecto fiscal es subirlos especialmente a la clase media. La conversación es sumamente difícil porque los economistas coinciden en que es lo que toca. Ampliar la base, que todos en el Estado aporten más, y reducir la carga para las empresas.

El problema es explicarle al público ahogado con las reformas anteriores que ahora le toca poner para el IVA de la medicina prepagada, el café, las frutas y pagar más por las cotizaciones en salud, más por los parafiscales de los independientes, y más para el impuesto de renta.

Eso mientras que el umbral del patrimonio se amplía. Es decir, quienes tienen más bienes pagan menos. La clase media reaccionó y la medición de la opinión pública un día después de la propuesta es clara.

El Gobierno Petro fue un desastre económico. Explicarle al público que la salida a ese desastre es subir impuestos a la clase media es prácticamente imposible. Pero, además, la temprana división que eligió el equipo político del presidente con el Centro Democrático lo deja en una situación muy deficitaria también para la negociación en el Congreso.

Alguien del primer nivel en el Gobierno me dijo: “sin esta reforma estaríamos en default de la deuda en marzo de 2027”. Por eso se entiende el texto. Pero desde lo político el filtro es otro y dar todas las batallas al tiempo es un error de lectura y de madurez en lo político.

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Abelardo de la Espriella - Reforma Tributaria