Analistas 29/08/2026

Mi recorrido por el terremoto en Pereira

Síganos y léanos en Google Discover

Lo primero que se ve en la entrada de la ciudad cuando se llega desde Armenia es un bloque de edificios azules que están o derrumbados o torcidos resistiendo su propio peso. Varios de ellos borraron el primer y segundo piso cuando inició el terremoto. No se cayeron pero el peso y el movimiento colapsaron las primeras plantas. Uno de ellos está todavía sosteniéndose sobre otra torre y en las ventanas sin cortinas se pueden ver los cuadros colgados y los espejos en los que se miraban sus habitantes. Pero de ellos ya no queda nada. Algunos murieron y otros escaparon.

Unas calles más hacia el centro hay una zona de talleres de motos. No se puede entrar porque las montañas de escombros impiden el paso. No hay puertas tampoco. Las casas que todavía se sostienen por alguna razón tienen en sus paredes pintadas cruces rojas y palabras de advertencia en las que se lee: “colapso”. En varias de esas casas hay palos de bambú colocados para evitar que se caiga el edificio. Sin importar el riesgo varios habitantes de calle se asoman al interior buscando algún objeto abandonado.

El calor de Pereira es seco estos días pero por toda la ciudad hay una nube pasajera de polvo que recorre las calles de los barrios próximos al centro. Va y vuelve. En los lugares en donde aún hay muerte el olor paraliza. Hay edificios enteros que no se pueden mover por riesgo a que colapsen y produzcan más heridos pero su presencia es amenazante. Hay vidrios rotos colgando de ventanas por toda la ciudad. Bloques de paredes que se sujetan a alguna barra de acero. Si no se camina con cuidado, uno puede tropezarse con ladrillos y paredes que están por todas partes en cualquier lugar a la mitad de la calle sin que nadie los recoja o los haga a un lado.

Frente al edificio gigantezco de la Gobernación de Risaralda la escena parece sacada de la película soy leyenda de Will Smith. Se trata de un enorme bloque de cemento de cinco plantas que en el techo tiene unos rectángulos de material que generan una sensación de persiana o de acordeón a la estructura. Esas persianas de cemento están colgando de un hilo de acero. Las puertas están rotas por doquier, hay cintas amarillas que se repiten en la ciudad en las zonas de desastre.

Cruzando la calle hay una zona de albergue que se convirtió en un refugio para habitantes de calle que ahora están doblemente afectados. Los problemas de Pereira desde antes del terremoto están vinculados a la inseguridad y el crimen. Hay bandas como la cordillera que manejan negocios ilegales de drogas, explotación sexual y homicidios. En el centro entonces ahora viven los problemas de siempre y los problemas de ahora: la destrucción del terremoto.

En las calles del centro me encontré con un hombre que vive en el segundo piso de un asadero frente a un edificio que se cayó y en el que por horas ciudadanos alzaron los brazos para pedir silencio porque tenían alguna pista de vida. Pero la vida nunca apareció. Las personas que encontraron debajo de los escombros estaban muertas. “El dueño de un local de allí se murió porque logró salir, pero en el último minuto se regresó por la caja registradora y en ese momento se cayó todo”, me cuenta frente a las cámaras.

El hombre le niega el baño a todos quienes llegan hasta su asadero porque en el albergue dice que hay” muchos problemas de drogas”. Mientras estamos allí una persona de la calle tiene una discusión con uno de los cuidadores del albergue. Hay consumo. “Al día siguiente del terremoto había ya explotación sexual de niñas en el centro”, me dice otro testigo.

Por esos pasadizos de edificios antiguos completamente dedicados al comercio no se puede caminar con tranquilidad. Las personas usan cascos porque cualquier pedazo de pared que se caiga podría ser un luto más en una ciudad que ya no aguanta más tragedia.

Saul es un comerciante que se dedica a la cacharrería de su familia. Un edificio de cinco pisos en el que guarda todo tipo de mercancías. Juguetes, productos para la casa, papelería, ferretería. Todo quedó debajo de los muros caídos por doquier. Nos dice que entremos para ver y lo hacemos corriendo riesgo.

Menos de 100 metros al lado de su tienda se cayó un hotel completo en el que se estaba hospedando Juan Felipe Giraldo, el prometido que Natalia Patiño se quedó esperando y con el que se iba a casar el fin de semana siguiente al terremoto. Giraldo iba a cerrar un negocio en un viaje de ida y vuelta en un mismo día. Estaba en el hotel cuando el mundo tembló. Caminamos sobre un campo de sueños atrapados entre material de construcción. El hotel es irreconocible. Solo están ahora los pedazos de lo que fueron habitaciones y pasillos con tapetes cómodos. Hay personas que tratan de quitar los escombros pero son simplemente una montaña infinita de peso y polvo.

Continúa…

TEMAS


Pereira - Terremoto