Analistas 23/05/2026

¿Qué tan violento será el país los próximos cuatro años?

Es esa una pregunta que me parece fundamental, no solo para la elección de un candidato teniendo en la balanza sus apuestas de política pública, sino por el destino de todos nosotros, que hoy parece tan indeleble.

Van algunos hechos. Delitos como el secuestro, la extorsión y los homicidios han aumentado en algunos casos por encima de 100%. Hay alrededor de 27.000 hombres en armas entre todos los grupos armados. Además, controlan territorios, tienen organizaciones multicrimen y cultivos ilícitos intactos. Eso significa una fábrica operativa para la violencia.

Los últimos dos atentados terroristas que tuve que cubrir como periodista fueron implacables. El baño del centro comercial Centro Comercial Andino explotó un sábado de 2017. Recuerdo que me encontraba pasando una tarde como cualquiera con mi novia y, cuando escuché la ocurrencia del atentado, salí corriendo para cubrir la noticia como fuera en el informativo de Caracol Radio.

Llegué a la Clínica del Country y pude ver la sombra de la violencia dejando víctimas inocentes. Familias que llegaban directamente a la morgue a preguntar por sus familiares, porque lo que habían escuchado en la radio en la que yo emitía era dantesco.

Luego vino el atentado en la escuela de Cadetes de la Policía. Puedo ver a Herbin Hoyos dejando velas encendidas en la entrada de un lugar que despedía a más de 20 almas por un carro bomba que entró al corazón de la sede de la Policía sin ningún problema. Familias llorando y esperando los nombres para entender si tendrían que llorar a sus propios muertos. Después vino el magnicidio a Miguel Uribe, con su estupor y su barbarie particular.

Pero también están, como no, los millones de víctimas repartidas por todo el país en un conflicto que paró a Colombia, que no le permitió avanzar en el desarrollo y la prosperidad. Víctimas de paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes y del Estado.

Hace falta ver las audiencias de reconocimiento de la JEP para entender los relatos escalofriantes de militares que en servicio asesinaron a personas inocentes sabiendo plenamente que eran inocentes. Esas cosas no pueden volver a pasar nunca.

De vuelta a este Gobierno, lo cierto es que la política de paz total fracasó. El presidente Petro no logró desarmar al ELN en cuatro meses como prometió alguna vez, ni siquiera logró hacerlo con las bandas de Buenaventura ni con las facciones del ELN en Nariño, uno de los procesos más adelantados. El Clan del Golfo creció en varios departamentos como Magdalena y Antioquia, y lo que hubo fue una mutación del control dependiendo del fortalecimiento de los actores armados.

La pregunta es cuál de los candidatos actuales tiene las mejores herramientas para intentar resolver el problema de la violencia en Colombia. ¿Cuál es la mejor política pública para eso?, ¿se trata de una ofensiva total, entendiendo que hay territorios tan complejos en donde los grupos deciden todo lo que ocurre?, ¿es una política de negociación para el sometimiento, lo que no funcionó en los últimos dos años?, ¿es una secuencia interminable de procesos de paz sin avances tangibles?
¿O es simplemente la precarización del conflicto? Hoy creo que genuinamente es un error verlo todo

desde la óptica de la securitización. El país tiene problemas de fondo que hay que resolver para que la paz no sea negativa. Debería haber una gran apuesta por la desmovilización con beneficios reales y una única oportunidad para negociar con quienes tengan voluntad.

Lo que no se puede es entregarle tanto terreno a los criminales como lo hizo este Gobierno. Estamos en un escenario tal que la violencia se impondrá. No quisiera sonar alarmante, pero el poder que tienen los grupos ilegales, la organización multicrimen, la expansión del sicariato y los drones bomba me hacen pensar en un momento de retroceso al siglo XX que todavía está por comenzar a verse.

Y esto, claro, también vendrá de la mano de un gobierno que resulte electo sin experiencia y que le juegue a Call of Duty en un país que no entienden y que no sabrán manejar. Nuestro dolor más grande como país es la violencia y las víctimas y, lamentablemente, hoy no veo buenos presagios.

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