Analistas 03/10/2023

Invertir “made in Colombia”

Santiago Botero Jaramillo
CEO y Fundador de Finsocial

A raíz del informe reciente de JP Morgan, en donde se destaca la ausencia de impulsores para las acciones colombianas, me he venido preguntando una y otra vez: ¿por qué la dependencia de los fondos de inversión internacionales, los cuales (por lo menos hasta ahora) han identificado en Colombia vehículos de inversión rentables y seguros, si los fondos de pensiones domésticos, que captan una gran porción del ahorro de los colombianos, podrían apostar de la misma manera por la economía colombiana y su mercado de capitales?

Por ejemplo, son múltiples los fondos americanos, canadienses y europeos que administran el ahorro y las pensiones de todo tipo de trabajadores en otras latitudes - a saber, bomberos en Vancouver, educadores en Escocia, funcionarios públicos en Utah, solo por mencionar algunos - que ven muy atractiva la inversión en carteras de crédito originadas en nuestro país. ¿La razón? En Colombia somos serios, buena paga y damos excelente rentabilidad en originación de crédito. Más aún, con todo e informe de JP Morgan, los cierto es que varios fondos internacionales de pensiones aún continúan interesados en inyectar recursos a nuestro país.

En contraste, el ahorro de los colombianos que se canaliza a través de los fondos de pensiones se está yendo a impulsar el crecimiento y la rentabilidad de empresas en otros países, en vez de acelerar más emprendimientos en Colombia. Ello pierde aún más sentido con la advertencia de JP Morgan. En efecto, el diseño de políticas públicas que sin ser hostiles a las fuerzas de mercado permitan canalizar con más dinamismo los recursos de los fondos de pensiones colombianos hacia la economía doméstica cobra más relevancia en este momento en que dicho banco extranjero advierte de la ausencia de grandes impulsores positivos para las acciones colombianas debido a “un escenario macro poco atractivo y un panorama político incierto”.

En este orden de ideas, me atrevo a proponer una de esas posibles políticas públicas: obligar que los fondos de pensiones de nuestro país inviertan en carteras de compañías fintech por lo menos 3% de sus AUM (activos bajo administración), convirtiéndose así en accionistas del ecosistema de financiación e irrigación de crédito a esas MiPyme y personas naturales a donde no alcanza a llegar la capilaridad del sistema bancario tradicional.

Se dinamiza la economía, se les da acceso a los canales formales de crédito a quienes (personas naturales y jurídicas) son invisibilizados por la banca convencional, y, en suma, todos ganamos, simplemente creyendo más en nosotros.

Desde luego, para convertir en realidad la anterior propuesta es indispensable la participación de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) como validadora y certificadora del estándar de las compañías que pueden entrar a competir por ese 3% de los AUM de los fondos de pensiones colombianos. Esto representa más de $10 billones que podrían movilizarse, a través del ecosistema fintech colombiano y, mejor aún, de forma rentable para los pensionados de nuestro país, hacia compañías “made in Colombia”, que generan empleo en Colombia y que son certificadas por la propia BVC. Claro, el proceso certificador de la BVC no solo debe ser sumamente magro y transparente, sino acompañado del gremio, es decir, Colombia Fintech.

¿Cuántos emprendimientos de gran valor apoyaríamos en el país y cuánto empleo se generaría solo con ese pequeño porcentaje? Ahora bien, con la reciente integración de las bolsas de Colombia, Perú y Chile quizá el volumen de recursos que termina movilizándose hacia nuestra economía, en concreto al segmento tradicionalmente invisibilizado por la banca y el mercado de capitales, termina siendo mucho mayor.

Tener a David Vélez liderando el banco digital más grande del mundo es la mejor prueba de que jugársela por el talento colombiano es una excelente inversión. Creo con firmeza que la mayor visión de quienes somos emprendedores es apostarle a lo grande, en especial cuando lo grande viene de nosotros mismos, comenzando por nuestra gente, es decir, nuestro capital humano que es, al mismo tiempo, nuestro mayor atractivo. En últimas, nuestro compromiso tiene que ser invertir en lo que es “made in Colombia”. Solo así, creyendo en nosotros y valorando nuestras propias capacidades podremos contrarrestar los riesgos que otros avizoran desde afuera.

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