Políticas anacrónicas

Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

La cadena de producción de un bien o servicio fácilmente le puede dar la vuelta al mundo. A pesar de ser ensamblado en EE. UU., un avión Boeing puede tener motores ingleses, puertas de carga suecas, fuselaje delantero americano y tren de aterrizaje japonés. La posibilidad de utilizar insumos de todas partes del mundo permite producir mejores aviones a un menor costo, beneficiando a proveedores, empleados, inversionistas y al usuario del bien final, quienes acceden a la posibilidad de viajar de una forma más segura, cómoda y asequible.

Este es sólo un ejemplo de los múltiples beneficios que trae para una economía el intercambio comercial. Desafortunadamente, los beneficios del libre comercio se distorsionan y minimizan al introducir visiones nacionalistas que promueven proteccionismos anacrónicos. También se distorsionan cuando países como China obligan a inversionistas que quieren operar en su país a tener un socio local y a transferir tecnología que después se utiliza para favorecer los intereses de sus empresas, muchas de ellas controladas en menor o mayor medida por el gobierno.

Esta parece ser la forma de pensar de la administración Trump con su decisión de imponer tarifas arancelarias al acero y al aluminio en general, pero acompañadas de un golpe directo a China por un monto de US60 mil millones de dólares. Es, probablemente, el inicio de un pulso con China para redefinir los términos de su comercio.

La administración Trump parece dispuesta a afrontar los costos que esta medida termina generando para la propia economía americana. Edificaciones, vehículos, y cualquier otro bien americano que tenga como insumo el acero o el aluminio serán más costosos. Por supuesto las reacciones por parte del resto del mundo no se han hecho esperar. Sin embargo, ante la amenaza de la Unión Europea de llevar el caso a la OMC, el Gobierno de EE. UU. decidió exonerarla, sumando a la lista a Australia, Brasil y Corea del Sur.

De nuevo, la clave es China. Inicialmente, mostró postura de combate y aumentó tarifas arancelarias a algunos productos agrícolas americanos. De hecho, ha anunciado un primer paquete que incluye cerca de 130 productos cuyas importaciones bordean los USD 3.000 millones, una cifra similar a los efectos arancelarios sobre el mercado chino en el caso de acero y aluminio.

Pero se ha reservado respuesta sobre los otros USD 60.000 millones y en los últimos días mostró inclinación al dialogo. Y si bien inicialmente los mercados mundiales castigaron duramente los anuncios de Trump, en los últimos dos días el efecto ha sido totalmente opuesto y hemos visto la mayor subida de Dow Jones desde la Crisis Financiera. El caso es que por primera vez en décadas, China pestañeo primero.

Es claro que se avecinan tensiones en el comercio mundial. La posición nuestra, en términos generales, no puede ser otra que defender los acuerdos mundiales que se han firmado, especialmente los nuestros. En juego para Colombia están los USD 230 millones de exportaciones de aluminio y acero hacia EE. UU., que tendrán un arancel del 25%. Pero tengamos claro que este es un juego de grandes potencias, y también cuál de ellas es nuestro principal socio estratégico.

Si algo hay que hacer ya, es aprovechar el momento para hacer valer nuestra condición de aliado, y mirar por nuestro lado que países no nos están jugando limpio en el ámbito comercial, y cuales pueden estar aprovechando nuestra “apertura” para inundarnos de productos y poner en riesgo nuestros puestos de trabajo. Libre Comercio sí, pero tiene que ser justo y equilibrado.

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