Punto de quiebre

Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

El crecimiento de la economía colombiana durante el primer trimestre del año, cercano a 2,8% real, resulta sin duda positivo y se constituye como un punto de inflexión en el largo proceso de ajuste que viene experimentando la economía desde 2015.

Por un lado, da visos sobre la finalización de la fuerte fase de moderación de la dinámica local tras el choque en nuestros términos de intercambio y, por otro, nos posiciona como una de las economías que más crecen de la región, por encima de países como Chile, Brasil o México.

Resultó positivo que la demanda interna en los tres primeros meses del año haya crecido 1,3%, jalonada por el comportamiento favorable del gasto del Gobierno y el consumo de los hogares. Por su parte, la reciente y progresiva recuperación de la confianza del consumidor, hoy en terreno positivo, ha venido de la mano de una recuperación sostenida de la confianza inversionista, del clima empresarial y de la actividad productiva.

Si bien 2018 será el cuarto año consecutivo con niveles de crecimiento económico inferiores al potencial, aspectos como el ascenso de los indicadores líderes, las mejores perspectivas de precio de las materias primas, la estabilización de la inflación, así como la menor incertidumbre asociada al proceso político colombiano despejan el panorama para un repunte en el crecimiento de la actividad económica, hoy más cercano a 2,8%-2,9% que a 2,5% que señalaban muchos analistas meses atrás.

En este contexto, hoy las mejores perspectivas se fundamentan en la recuperación de la demanda interna, cimentada concretamente en (i) la recuperación del consumo de los hogares, (ii) en el mejor desempeño del gasto del Gobierno y (iii) en una mayor dinámica del sector externo.

Así las cosas, los resultados obtenidos en materia de crecimiento en el primer trimestre del año se constituyen como una señal de que el ciclo productivo bajista encontró su punto de quiebre, prendiendo una luz al final de largo y profundo proceso de ajuste que experimentó la economía en un contexto de incertidumbre global.

Existen, sin embargo, una serie de factores que continúan exigiendo un monitoreo constante, pues de ellos dependerá los ritmos de crecimiento en el corto y mediano plazo. En efecto, los riesgos asociados a (i) la recuperación del sector de la construcción, (ii) la dinámica externa relacionada con la normalización de la política monetaria de la Fed y (iii) la eventual volatilidad de los precios del crudo en los mercados globales, podrían restarle dinamismo a la senda de recuperación.

No hay que desconocer, adicionalmente, que estos ritmos de crecimiento, que hoy despiertan optimismo, aún se mantienen por debajo del potencial de la economía, lo que desde luego dificulta la concreción de aquellos objetivos fundamentales asociados a la superación de la pobreza, al cierre de las brechas de desigualdad y a la mejoría de la calidad de vida de los colombianos.

Avanzar en estos propósitos requerirá sin duda que el nuevo Gobierno encare con celeridad y certeza una serie de reformas con carácter estructural en los sistemas pensional, tributario, fiscal y educativo.

Requerirá, también, del incremento de las tasas de inversión, de la optimización de los instrumentos para el control de los recursos públicos y de un mayor dinamismo en la ejecución de los proyectos de infraestructura vial (4G). El avance en cada uno de estos frentes es ciertamente un imperativo en el proceso de alcanzar sendas de desarrollo y crecimiento sostenibles.

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