Revolución tecnológica y adaptación

Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

Los profundos y acelerados cambios generados por la revolución tecnológica han venido transformando la naturaleza de los mercados financieros a escala global. En los últimos años hemos sido testigos del significativo incremento de la oferta de productos y servicios bancarios, un proceso cuyos avances sostenidos han beneficiado a los consumidores financieros e incluso, al crecimiento económico. No obstante, muchos de estos cambios han llevado al surgimiento de nuevos actores no vigilados y riesgos desconocidos.

En el pasado, desafíos mayúsculos como el manejo de las bonanzas cafetera y petrolera, el aumento de actividades ilegales como el narcotráfico, la apertura económica o la severa crisis financiera de finales de siglo, transformaron la banca y su legislación, robusteciendo las bases sobre las que se cimienta la sostenibilidad del sistema. En efecto, la mejoría en el manejo del riesgo a través de los años no solo hizo más resiliente a la banca nacional, sino que también le permitió avanzar en línea con el crecimiento y desarrollo económico del país.

La actual coyuntura, marcada por la disrupción tecnológica, exige enfrentar los miedos que de ello se derivan con decisión y adecuarse a las nuevas realidades, tal y como ha sucedido en el pasado. Para llevar a cabo esta tarea se hace necesario el compromiso e involucramiento del Gobierno, los legisladores, el regulador y el sector privado, pues de ello depende que se dé una exitosa evolución del mercado financiero, un proceso indispensable, por demás, para el desarrollo de nuestro país.

En principio, el Gobierno debe implementar políticas que permitan que los agentes del mercado financiero desarrollen productos y servicios que satisfagan las necesidades y exigencias cada vez más sofisticadas de los consumidores. En esta línea, la reducción de las cargas tributarias para la economía digital es imperativa y debe ser acompañada por el incentivo a centros de innovación, así como por el establecimiento de ecosistemas normativos flexibles, siendo los espacios de experimentación digital (Sandbox) uno de los más interesantes. Adicionalmente, se espera que con el liderazgo del Gobierno entrante se haga realidad el anhelo de la implementación definitiva de la factura electrónica, la cual debería profundizar el acceso al crédito en el empresariado colombiano.

En lo que respecta llanamente al supervisor, se aguarda que un mayor aprovechamiento de la tecnología para recopilar, validar y analizar los datos en los mercados regulados y no regulados haga más eficiente y oportuna su toma de decisiones. Igualmente, a través de un conocimiento profundo de herramientas tales como el Blockchain o la inteligencia artificial, pueda tener mayor claridad sobre los retos que estás tecnologías suponen para la regulación.

En el ámbito financiero, los avances en materia de integración entre el sector bancario y las llamadas Fintech dan pie para pensar que el proceso de transformación hacia la banca digital va por buen camino. Sin embargo, estos esfuerzos bien pueden verse truncados si como país no introducimos cambios regulatorios afines con las nuevas tendencias globales.

Todos los cambios que implementen el supervisor y el sector financiero, además de estar en línea con los nuevos patrones de consumo, deberán a su vez mantener el acervo de buenas prácticas, uno de los grandes activos que han contribuido a afianzar la solidez y estabilidad del sector financiero colombiano.

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