Seguridad y mejores prácticas

Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

El viernes pasado fue anunciado el ingreso de Colombia a la Ocde. Un grupo de naciones selectas que, mediante el uso de las mejores prácticas y estándares promueve la consecución de políticas para mejorar las condiciones sociales y económicas.

Este paso que ha dado el país nos permitirá contar con un rasero de primer orden para medirnos con los referentes de vanguardia en diversos aspectos claves con el fin de avanzar en materia de desarrollo económico y social.

Este avance cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta que, precisamente, los procesos productivos, transaccionales y de relacionamiento social están inmersos en el contexto de la digitalización, particularmente en este grupo de países. Si bien la digitalización y la revolución de la tecnología irrigan una amplia gama de bondades, también implican sendos desafíos, entre ellos, los asociados a la seguridad del flujo de información personal, y el núcleo básico de la sociedad digital.

Por tanto, la necesidad de contar con mecanismos que garanticen la seguridad y tranquilidad de los usuarios no solo cobra preponderancia sino que dichos atributos deben concretarse mediante prácticas con altos estándares de calidad.

Una de las soluciones más viables y auténticas ante estos requerimientos y que ha ganado espacio vertiginosamente en los últimos años es la implementación de la biometría. Este mecanismo, que busca facilitar y robustecer la identificación y autenticación de información de un individuo mediante sus características físicas y de comportamiento, contribuye a prevenir el fraude y la criminalidad.

Si bien estos mecanismos de autenticación permiten luchar de una forma más efectiva contra los fraudes, las suplantaciones y la criminalidad en general, también permiten que los originadores de la información sientan con más confianza y seguridad en el otorgamiento de datos.

Este tipo de ventajas le otorgan a la biometría un gran potencial dentro de las diversas organizaciones a las que las personas confían su información personal, desde instituciones financieras y de seguros, pasando por las empresas de compras por internet, hasta las mismas redes sociales.

De hecho, hoy en día ya es posible autenticar el inicio de una sesión, aprobar transacciones o firmar documentos con un simple escáner de nuestros dedos en un sensor de huellas o una rápida mirada ante la cámara de nuestro celular. Sin duda, el protagonismo de las interacciones digitales, que ha sido acompañado por el uso masivo de dispositivos móviles, le ha dado impulso a la biometría.

Las tendencias mundiales indican que, en el corto plazo, la autenticación biométrica por múltiples factores será el mecanismo más robusto para acceder a la mayoría de servicios. Las expectativas de nosotros, como usuarios, no serán menores a la hora de demandar protección de información y procesos de seguridad no intrusiva.

No obstante, la utilización de estas nuevas tecnologías en el país parece estar bastante atomizada. En efecto, más allá de los exitosos avances que viene haciendo el sistema financiero en su implementación, el tejido empresarial y productivo no ha focalizado aún los esfuerzos necesarios en este frente.

El llamado, por supuesto, es a dar pasos contundentes en el fortalecimiento de la seguridad digital y a reconocer la conveniencia de adoptar, responsablemente, sistemas de identificación y/o autenticación biométricos, pues las mejores prácticas para el desarrollo de los negocios, el complejo mundo transaccional y el relacionamiento social lo demandan irrevocablemente.

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