La IA no es la transformación, es el medio para complejizar
viernes, 22 de mayo de 2026
Santiago Jiménez Londoño
Colombia ocupa el puesto 68 entre 145 países en el Índice de Complejidad Económica del Atlas de Harvard. En la última década bajamos tres posiciones. Japón, Corea del Sur, Suiza y Singapur encabezan la lista. No es coincidencia que también lideren productividad, salarios y patentes registradas en el mundo.
El diagnóstico oficial del Atlas es incómodo y vale la pena leerlo despacio. La canasta exportadora colombiana se diversificó en los últimos diez años, pero hacia productos de menor complejidad. Más variedad, menos sofisticación. Por eso el ECI empeoró aunque exportemos más cosas. Diversificarse no es lo mismo que complejizarse.
Las exportaciones colombianas cerraron 2025 en US$50.199 millones. Crecieron 1,3%. Los combustibles cayeron 17,9%. El petróleo bajó 17%. El carbón se desplomó 31%. Solo el agro compensó: café +70,2%, aceite de palma +83,6%. Vendemos más de lo mismo. No vendemos cosas nuevas.
Carlota Pérez lo explicó hace años. Cada revolución tecnológica abre una ventana de oportunidad para los países rezagados, siempre que sepan articular su base de recursos naturales con el paradigma tecnoeconómico emergente. América Latina, decía, no debe elegir entre sus ventajas tradicionales y el cambio técnico. Debe combinarlos. La pregunta no es si exportar café o software. Es si el café que exportamos incorpora trazabilidad satelital, modelos predictivos de cosecha y certificaciones de calidad asistidas por inteligencia artificial.
Aquí está la deuda. Colombia invierte 0,21% del PIB en investigación y desarrollo. La Ocde invierte 2,71%. Trece veces más. Solo 41,9% de los hogares rurales tiene acceso a internet, según el Dane. Menos de 10% de las unidades agropecuarias cuenta con activos TIC, según Agrosavia. La informalidad agrícola llega a 85,7%. Tenemos el sector que crece, sin la infraestructura para sofisticarlo.
La IA no es la transformación. Es el medio. Aplicada bien, permite saldar parte de esa deuda técnica acumulada. Visión computarizada para clasificar grano de café por calidad antes del beneficio. Modelos satelitales para optimizar riego y fertilización en palma de aceite. Algoritmos de detección temprana de plagas en banano y cacao. Trazabilidad automatizada que abra mercados premium en la Unión Europea. Plataformas que conecten al pequeño productor con compradores internacionales sin pasar por seis intermediarios. Sistemas predictivos de demanda que reduzcan el desperdicio poscosecha.
No es ciencia ficción. Es agricultura de precisión, ya disponible, ya validada, ya aplicada en países que escalan complejidad económica. Lo que falta no es tecnología. Es decisión política, articulación entre sectores y constancia.
Porque la complejidad económica predice el crecimiento mejor que cualquier otro indicador conocido. Hidalgo y Hausmann lo demostraron. Los países cuya complejidad supera lo esperado por su ingreso crecen más rápido. El Atlas proyecta para Colombia un crecimiento anual de apenas 2,42% en la próxima década, puesto 76 entre 145.
Y aquí lo incómodo. La IA puede acelerar la complejidad si la aplicamos donde ya tenemos ventaja productiva real. O puede ampliar la brecha si seguimos comprando licencias para hacer lo mismo de siempre, un poco más rápido.
El ECI no se mueve por discursos. Se mueve por productos nuevos.