La IA promete eliminar lo difícil. Liderar es asumirlo
martes, 7 de julio de 2026
Santiago Jiménez Londoño
La confianza empresarial en Colombia empieza a recuperarse. El Índice de Confianza Empresarial de Vistage llegó a 70,4% en el segundo trimestre de 2026, lejos del mínimo histórico de 14 puntos de hace apenas un año. Cuatro de cada diez líderes esperan una economía mejor. Pero el dato que merece atención está en la letra pequeña. Los empresarios no planean contratar. Quieren crecer con los mismos recursos o con menos. Y la inteligencia artificial es la apuesta para lograrlo.
No es un fenómeno local. El AI Radar 2026 de BCG, construido sobre 640 CEOs encuestados, encontró que 72% de los directores ejecutivos se declara hoy el principal decisor en IA de su organización. El doble que un año antes. Y la mitad cree que su permanencia en el cargo depende de acertar con esa apuesta. El CEO tomó el timón. Justo cuando la promesa comercial es que el timón se maneje solo.
Aquí conviene releer un texto colombiano. En 1980, al recibir un doctorado honoris causa de la Universidad del Valle, Estanislao Zuleta leyó el Elogio de la dificultad. La tesis cabe en dos palabras incómodas. Deseamos mal. Cuando imaginamos la felicidad, imaginamos un mundo sin obstáculos, sin conflicto, sin trabajo arduo. Deseamos, dice el texto, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. Y ese deseo nos empobrece antes de cumplirse. Lo difícil no es un defecto de la realidad. Es la condición de todo lo que vale.
Buena parte del discurso gerencial sobre la IA es la versión corporativa de ese deseo. Se compra la herramienta como quien compra la eliminación del problema. Que el modelo lea, resuma, proyecte, decida. Que el trabajo arduo lo haga otro. La paradoja es visible en el mismo informe de BCG. Los CEOs que el informe llama pioneros dedican más de ocho horas semanales a su propia formación en IA e invierten el doble que sus pares en las capacidades de su gente. No compraron lo fácil. Asumieron lo difícil.
Porque liderar en tiempos de IA no es delegar el juicio en un sistema. Es algo más incómodo. Decidir qué preguntas merecen todavía una respuesta humana. Sostener el conflicto que toda transformación abre dentro de una organización. Explicarle a un equipo ansioso qué va a cambiar y qué no. Aprender, en persona, una tecnología que envejece cada seis meses. Nada de eso lo hace un agente. Todo eso es trabajo arduo. Y todo eso es, exactamente, el cargo.
Y aquí la advertencia que este ciclo necesita. Quien desea un mundo sin dificultad no desea un mundo mejor. Desea dejar de estar a la altura de uno. El líder que espera que la IA lo exima de la dificultad de dirigir no está adoptando tecnología. Está renunciando por entregas.
La confianza vuelve. La inversión crece. El CEO ya se sentó en la silla de las decisiones sobre IA. Falta lo que ningún proveedor vende. Que asuma también la dificultad que esa silla trae.
Lo fácil se compra. Lo difícil se lidera.