Analistas 12/09/2026

Su junta discute adopción. ¿Con qué cifra?

Santiago Jiménez Londoño
Economista, MsC en Ciencias Naturales y Matemáticas y Doctor en Filosofía

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El 30 de noviembre de 2022 el Dane suspendió la Encuesta Pulso Empresarial. Ese mismo día OpenAI lanzó ChatGPT. El último dato oficial de adopción de inteligencia artificial en empresas colombianas mide octubre de 2022 y dice 9%; desde entonces no ha publicado una cifra nueva.

¿Qué llenó ese vacío? Encuestas privadas, útiles pero parciales, hechas entre empresas grandes y con quien ya decide sobre tecnología, que preguntan por adopción sin definir qué cuenta como uso real; sirven para abrir la conversación, no para dirigir un país o una junta.

¿Y qué significa adoptar cuando esa palabra llega a una junta? No es una licencia ni un piloto en marketing, sino un proceso que cambió, un presupuesto que se sostiene y un responsable que puede apagarlo. El empleado que usa una IA sin decírselo a nadie, la consultoría que nadie evalúa y el modelo que mueve la operación no son la misma cosa; si el tablero los suma, la junta dirige un promedio, y un promedio no decide.
Con las personas el hueco es el contrario, porque el Dane sí pregunta en hogares y la telemetría de Microsoft ubica a Colombia en 24,5% de uso de IA generativa entre los 15 y 64 años en el primer trimestre de 2026, frente a 17,8% mundial. El país sabe quién usa, no sabe quién adopta.

¿Por qué eso no es una curiosidad de estadísticos? Sally Engle Merry mostró en The Seductions of Quantification que ningún indicador se limita a describir, porque incorpora una teoría implícita sobre qué cambia y qué no; a eso añadió lo que llamó inercia de datos, el hecho de que los datos existentes deciden qué problemas entran en la agenda.

¿Contra qué verifica entonces una junta, la del Estado o la suya, el eje de adopción empresarial que el Conpes 4144 trazó hasta 2030? Contra una serie que se apagó más de dos años antes de aprobarse la política.
El mercado laboral ya hizo la distinción que pocos tableros internos hacen, y la calculé para un artículo en evaluación. De las 98.950 vacantes del Servicio Público de Empleo en agosto de 2026, apenas 544 piden una habilidad de IA, y a igual educación, experiencia y ciudad, la prima por pedir que se use no se distingue de cero, mientras la de construirla llega a 26 puntos. Mencionar IA casi nunca es una capacidad; suele ser el diploma y la ciudad que la acompañan.

Las preguntas son para su comité. ¿Cuál es su cifra, no la del proveedor sino la suya? ¿Qué tendría que pasar en ella para frenar un piloto, mover un presupuesto o contratar distinto? ¿Qué ventaja tendría en su sector la primera empresa colombiana capaz de responder eso con serie propia?

Mientras la única cifra sobre la mesa salga de un titular, la junta conversa sobre adopción; cuando salga de su propia medición, la dirige.

Ninguna estrategia de inteligencia artificial, pública o de empresa, puede saber si funciona sin una serie capaz de contradecirla.

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