La economía política del gabinete

Santos Alonso Beltrán

Gobernar es una tarea difícil. Lograr los equilibrios políticos sin sacrificar las capacidades técnicas es una labor de filigrana. Los gobernantes saben que los votos en el legislativo se consiguen respetando las milimétrias que dan cuenta de los apoyos políticos cosechados durante la campaña. Los votos, aunque se estimen de ciudadanos libres, responden también a solidaridades clientelares de partido, y es con ellos con quienes se logran lo acuerdos políticos que permiten la realización del programa de gobierno que se traza el nuevo mandatario. Esta afirmación también aplica para la conformación del gabinete.

Se gobierna con los amigos, con los aliados políticos. Pero las tareas de gobierno son también labores de alta experticia técnica. Los apoyos políticos no son suficientes, aunque las figuras que componen el gabinete tengan las calidades, el conocimiento y las virtudes profesionales de un buen servidor público.

En el nombramiento del gabinete, las figuras de primera línea deberían cumplir los afanes políticos, y pareciera que son los funcionarios técnicos, los menos visibles ubicados al interior de la estructura burocrática, los llamados a cargar con el peso de empujar la compleja maquinaria estatal. Pero la supuesta separación entre técnica y política es una ficción. Gobernar es construir acuerdos y en ello la neutralidad del técnico aporta de manera estratégica a la realización del objetivo político. La legitimidad de las decisiones de gobierno es una condición subjetiva y cualitativa basada en el apoyo de partidos y grupos significativos de opinión que respaldan las acciones a emprender.

Los miembros de la primera línea del gabinete son los llamados a construir esos acuerdos, son ellos la representación de las fuerzas políticas, y estas a su vez, los apoyos, los aportantes del capital político que espera girar el gobierno en ejercicio. Los integrantes de las líneas secundarias del grupo de gobierno hacen operativas las decisiones de política, parafraseando un aforismo, desde que exista un “porque”, es fácil encontrar un “como”. Nombrar el gabinete en algunos momentos es un mensaje para la galería, componer el gobierno en su entresijo técnico es una labor más dispendiosa e ingrata.

Así las cosas, el carácter político de la primera línea del gabinete, los ministros y directores, dan luces sobre el cariz de las acciones de gobierno a desarrollar. Mas allá de la manida calificación de los ministros como conocedores de los temas de su cartera, como portadores de experiencia en altos cargos de dirección del estado o de su supuesta independencia partidista, su escogencia refleja la visión política del gobierno de turno. El mensaje para la opinión pública, a la que se presentan los nombramientos como alejados de todo compromiso partidista, matiza la senda política que se trazan las nuevas figuras.

El nuevo gobierno presenta un equipo que procede del mundo empresarial y de la academia, esto no indica que no tenga una ideología o que no responda a una visión especifica de la política, ello muestra un cariz específico de la apuesta política: en principio, una alianza fuerte con el empresariado y una apuesta por la productividad. Cuando se escogen figuras descollantes del sector privado, empresarios, gerentes de compañías o dirigentes de gremios de la producción se manda un mensaje específico sobre el papel que jugara el mercado, la iniciativa privada y la libre empresa en temas claves de política.

Las lógicas del sector privado, que parecieran estar orientadas por la eficiencia, la productividad y el pragmatismo se presentan como la tabla de salvación a la degradación de la negociación política. De la misma manera se puede decir cuando se escogen figuras prestantes del mundo académico, su procedencia no elimina su inclinación ideológica, ellos también responden a una escuela, a una tendencia, a una línea teórica. La ideología es una condición ineludible tanto del mundo privado como de la academia. Cuando se busca ahuyentar la ideología de la acción política se consigue exactamente lo contrario, se remarcan las condiciones ideológicas de una corriente política, otro aforismo diría que hacer lo contrario también es imitar, imitar todo lo contrario.

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