Complejidad Macro-Financiera Global
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Todo apunta a que el crecimiento global se estaría desacelerando del 3.3% en 2025 hacia 2.9% en 2026 y eventualmente hacia 2.8% en 2027, donde el mayor impacto se concentraría en las economías desarrolladas al descender de umbrales de crecimiento del 1.8% en 2025 hacia 1.5% en 2026-2027.
Pesan allí y mucho: i) la complejidad del conflicto bélico entre Rusia-Ucrania (en su quinto año) y ahora apoyados por tropas de Corea del Norte escalando hacia unos 50,000 combatientes; ii) la delicada guerra Israel-EE.UU. Vs. Irán y sus aliados en Medio Oriente (incluyendo a Yemen y facciones Houthis), recibiendo asesoría bélica de China y Rusia para continuar bloqueando el estrecho de Ormuz y manteniendo el petróleo cerca de los US$90 barril-Brent; iii) la incertidumbre generada por el activismo tarifario de los Estados, a pesar de las supuestas limitaciones que implicaría el fallo de la Corte Suprema advirtiendo que esa es potestad del Congreso y no del Ejecutivo; y iv) los riesgos del estallido de una burbuja financiera apalancada en excesivas inversiones en Inteligencia-Artificial (I-A).
El impacto mas obvio de los conflictos bélicos ha sido un escalamiento de los costos energéticos globales, ahora explayándose sobre la mermada capacidad de las refinerías petroleras, generando escasez de combustible diésel y los destinados a la aviación comercial. Aunque se esperaba que el “memorando de entendimiento” EE.UU.-Irán, de principios de Julio-2026, trajera alivios en este frente energético, su rompimiento ha llevado a revivir nuevamente esta tensión energética global.
Su efecto más inmediato será la persistencia inflacionaria en 2026 (a niveles de 3.5% anual a julio-2026 en EE.UU. y de 2.5% en la zona euro), ver gráfico adjunto. Esto seguramente requerirá elevar las tasas de la FED hacia 4.25% (+50 pbs) y las del BCE hacia 2.5% (+25 pbs) antes de finalizar este año, lo cual explica la moderación del consumo agregado que se pronostica para finales de este año. Afortunadamente, el mercado laboral continua en plano positivo y registran niveles de desempleo históricamente bajos a niveles del 4.2% en los EE.UU. y del 6.2% en la zona euro.
Continúa siendo una sorpresa macro global que la elevación de los aranceles por parte de los EE.UU. no haya generado mayor resquemor en los inversionista, a pesar de que la tasa efectiva arancelaria se hubiera disparado del 3% hacia casi el 12% a lo largo del 2025. Pero tras el adverso fallo de la Corte Suprema contra dicho activismos arancelario de Trump, se calcula que dicha tasa efectiva se ha estabilizado en un 7%.
Sobre el tema de los riesgos de burbuja I-A, hemos calculado que la relación Inversiones I-A / Utilidades de los hiper-escaladores (Meta, Amazon, Google-Alphabet, Microsoft) han pasado del 80% en 2024 al 110% en 2025 y se perfila hacia un 200% en este 2026. Esto último quiere decir que el proceso de rentabilidad de dichas inversiones en I-A está tomando mas tiempo del deseado y haciendo mella sobre la crucial Relación Precio-Ganancia, ahora cerca de 40 frente al 30 de 2023.
Los correctivos accionarios en este segundo semestre del 2026 estarían concentrados en ese tercio tecnológico del índice S&Poors-500, las denominadas mega-7. Sin embargo, dada la abundante liquidez y el impulso inversionista generalizado que ocurre en EE.UU., la rentabilidad accionaria esperada continúa siendo favorable, bajando únicamente del 16% anual vigente hacia un 12% para finales del 2026.
Debemos tener en mente que las utilidades empresariales de las 500 firmas del S&Poors fueron muy favorables en el primer semestre del 2026, al promediar un 25%, y las asociadas a las llamadas magníficas-7 fueron cercanas al 40%. No obstante, los riesgos de “inversiones circulares” al interior de entidades como Nvidia han revivido los temores de estarse fraguando una burbuja accionaria tecnológica.
En este contexto global, resulta oportuno revisar las perspectivas de Colombia (2026-2027), tomando en consideración los recientes anuncios del nuevo gobierno ADLE-Restrepo. Cabe aplaudir las señales que se vienen dando por parte de un gabinete mayoritariamente tecnocrático y fijando metas de: i) ordenamiento fiscal y aceptación de importancia del control inflacionario; ii) promoción de la inversión privada energética y en infraestructura, para apuntalar ganancias en productividad y control de elevados costos operativos en Colombia; y iii) restablecimiento del orden público en zonas tan delicadas como el Catatumbo (Norte Santander y Casanare) y el Sur-Occidente el país (Nariño, Cauca y Caquetá).
Hemos venido argumentando que el impostergable recorte del gasto público inoficioso (cercan a 2% del PIB) traerá un merma en la demanda agregada y que ello implicará un descenso del crecimiento del PIB-real del 2.2% en 2026 hacia cerca del 1.5% en 2027. Pero para el 2028 será posible que tengamos un buen efecto rebote por cuenta de dicha inversión productiva, pasando del actual 16% hacia un 25% para el 2028-2030.
Cabe repicar sobre la urgencia de este impulso a la inversión privada, pues las cifras actuales indican que Colombia tiene el peor desempeño regional entre las economías grandes de Latam. Tiene Colombia la peor relación inversión/PIB, junto con Argentina y Brasil (rango 16%-19%); muy por debajo de Perú, Chile y México (al 25%-27%).