Inversión Extranjera Directa y diversificación exportadora

Sergio Clavijo - anif@anif.com

Hemos venido comentando cómo el auge minero-energético había generado una grave “enfermedad holandesa” durante 2005-2014, la cual inició su correctivo durante 2015-2018.

Para consolidar la diversificación exportadora se requiere que la tasa de cambio real termine de acercarse a su valor de Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), faltándole un 10%-15% real, y que se supere el “Costo Colombia” en los frentes laborales, energéticos y de infraestructura (ver Comentario Económico del Día 10 de abril de 2013).

Dados esos correctivos parciales del “Costo Colombia”, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) tan solo han logrado diversificarse marginalmente, tras una alta concentración en el sector minero-energético. Efectivamente, la IED en Colombia alcanzó los US$13.924 millones en 2017, con el sector minero-energético acaparando 29% del total (ver gráfico adjunto).

Esto es unos US$4.100 millones, que se repartieron en US$3.100 millones con destino al sector petrolero y US$900 millones adicionales para el sector minero. Allí viene siendo particularmente importante el repunte en los precios internacionales del petróleo (promediando US$54/barril-Brent en 2017 vs. US$44/barril-Brent en 2016), lo cual ha vuelto rentable nuevamente las inversiones en el sector.

El rubro de transporte-comunicaciones mostró un buen comportamiento al reportar un valor de US$3.500 millones (23% del total) en 2017.

Esto se explica por influjos de unos US$2.400 millones con destino a las arcas del gobierno, luego de las sanciones que tuvieron que pagar los dos mayores operadores de telecomunicaciones del país y que fueron respaldadas por sus casas matrices en el extranjero.

En un tercer renglón, se encuentra la IED manufacturera con US$2.500 millones (18% del total), dejando en evidencia que al país le sigue costando generar “proyectos cero-kilómetros” (green-field) que puedan impulsar la industria del país.

Estos flujos lucen estancados desde hace cinco años, obedeciendo muy seguramente al pobre desempeño de la industria, pese a la expectativa de algún rebote por la reapertura de Reficar y sus efectos sobre la cadena petroquímica (ver Comentario Económico del Día 5 de febrero de 2018).

Es más, el crecimiento del PIB-industrial promedió apenas 1,9% real por año durante 2007-2017 (vs. 3,9% anual del total de la economía) y su aporte al PIB-real se ha continuado reduciendo hacia 12% en 2017 (vs. 16% en 2007), ver http://anif.co/sites/default/files/investigaciones/anif-desindustria-eng0114.pdf.

El sector financiero se ubica en la cuarta posición como receptor de IED, bordeando los US$1.700 millones en 2017 (12% del total), mientras que el comercio sigue participando poco de la IED, con apenas 7% del total, tras el auge del sector hotelero de años atrás.

Prospectivamente, la IED en Colombia tendría una leve caída en 2018. Anif proyecta que esta disminuiría hacia los US$13.800 millones este año, en línea con lo estimado por el propio gobierno. En efecto, el Marco Fiscal de Mediano Plazo del 2018 proyecta una IED de US$13.700 millones.

De cara a 2019, se podría dar una recuperación más sostenida de la IED hacia los US$14.500 millones, donde se proyecta un repunte de la economía colombiana hacia 3%, su actual nivel potencial.

En síntesis, la devaluación peso-dólar de 50% (acumulada durante 2015-2016) corrigió parte de la grave “enfermedad holandesa”, la cual había acelerado la desindustrialización del país. A pesar de ello, no ha habido mayor captura de flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) dirigida hacia proyectos frescos industriales (con solo un 18% de dicho portafolio).

Ello obedece al elevado “Costo Colombia” (sobrecostos energéticos, de transporte y laborales) que todavía afronta el país. He aquí el gran desafío de la Administración Duque a la hora de lograr una verdadera diversificación exportadora.

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