Macroeconomía en mediocridad
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Si bien el año 2026 a nivel macroeconómico arrojaría cifras “aceptables” (crecimiento cercano a 2,4%, desempleo promedio de 8,5% e inflación bordeando 6%), el contexto de mediano plazo para Colombia vuelve a ratificar la mediocridad de nuestro desempeño.
El crecimiento promedio de Colombia en la última década continúa estancado en 2,5% anual y a este ritmo nos tomará 40 años duplicar el ingreso real per cápita, mientras que los líderes asiáticos (China, Corea del Sur o Taiwán) continúan duplicándolo cada 20 años. Como es sabido, la diferencia radica en los impulsos provenientes de una relación Inversión Productiva/PIB, la cual en Asia se sostiene en la franja 30%-35%, mientras que en Colombia ha venido cayendo de 23% hacia 16% en la última década y de manera recurrente.
El interés global por invertir en Colombia ha continuado postrado en tan solo 3% del PIB en inversión extranjera directa (IED). Esto debido a la animadversión que generan cambios continuos en nuestro tratamiento tributario, los cuales han implicado tasas impositivas corporativas de 35% y llegando a 38% si se añaden las sobretasas aplicadas en los sectores minero-energético y financiero. Peor aún, la Admón. Petrista había adoptado un impuesto a los activos empresariales (muchos de ellos improductivos), a tasas hasta de 1,2%; su efecto combinado deja a muchas empresas con tasas efectivas de tributación de 50%.
Así que no es de extrañar que Colombia sea, según la propia Ocde (2026), el lugar menos atractivo tributariamente para atraer la IED en América Latina; y si añadimos los graves problemas de orden público, pues se tiene un grave cuadro de mediocridad macroeconómica.
La tasa de desempleo ha venido cayendo de promedios anuales de 11% hacia el actual 8,5% en la última década, lo cual sorprende, dado el estancamiento en el crecimiento productivo (antes ilustrado). Pero lo que esta cifra esconde es la precariedad en ingresos y la elevada informalidad laboral. En Colombia solo 25% de la PEA cotiza de manera regular (12 meses) a la seguridad social, y aun aquellos que lo hacen cada 6 meses tan solo ascienden a 55% de la PEA. Dicha informalidad va acompañada de una productividad laboral que tan solo representa en Colombia 22% de la obtenida en EE.UU.
Se trata de pequeñas firmas, con aparatos productivos obsoletos, lo cual les impide competir a nivel global, incluyendo aquellos de los servicios tecnológicos digitales (ver Sergio Clavijo et al. 2025 “Internacionalización…” Fundesarrollo). Por ejemplo, las exportaciones de servicios de Colombia (de todo tipo) tan solo representan 2% del PIB frente a 8%-10% del PIB observado en Asia, al tiempo que el total de las exportaciones de bienes de Colombia ha continuado cayendo de 14% a 12% del PIB. Esto a pesar de que las exportaciones no tradicionales han venido creciendo a 10%-16% (en dólares) durante 2015-2016, pero sin lograr sobrecompensar el estancamiento de los sectores de petróleo, carbón y ferroníquel. Pero ahora la revaluación a ritmos de 22% anual hará desastres en exportaciones.
Este cuadro externo arroja, por lo tanto, un déficit comercial de 3,4% del PIB para Colombia frente a los superávits de 3%-4% del PIB observados en Chile, México o Brasil. Como lo hemos ilustrado en otras ocasiones, esto devela un total desaprovechamiento de los TLC, los cuales han completado 12 años y cubren 80% de nuestra canasta exportadora. Además, la modernización de nuestros puertos se ve malograda por el embotellamiento vial que se tiene en los puertos, especialmente en Buenaventura, donde la pérdida de tiempo (hasta de 12-18 horas) genera grave lucro cesante (ver Sergio Clavijo, 2026, “Geografía de Aventuras e Infraestructura”, Editorial Tirant).
La apreciación cambiaria del peso, frente a 20 monedas de socios comerciales, acumuló 30% de pérdida competitiva en 2025-2026 (ver gráfico adjunto). Ojalá que el urgente correctivo en finanzas públicas pronto nos traiga el beneficio colateral de “sinceramiento cambiario”. El ITCReal debería regresar a los niveles observados hacia mediados de 2023 (al menos 25% real de devaluación durante 2027-2028).
También ayudaría en este propósito asociarse con EE.UU. para apretar los controles a influjos del narcotráfico que en cerca de un tercio permean las supuestas remesas que envían los trabajadores desde el exterior. Estas alcanzaron US$13.000 millones en 2025, duplicándose en la última década (2016-2026), mientras que la diáspora permaneció estancada en 5 millones de ciudadanos en el exterior. Así que ese incremento en las remesas en realidad es contraparte de la expansión de las ventas del narcotráfico en el exterior. Su espejo está en las selvas de Colombia, en Cauca, Nariño y Catatumbo, donde se han expandido las plantaciones de coca, al pasar de 90.000 a 260.000 hectáreas, tras el fallido proceso de paz de 2018-2026.
Y, finalmente, tenemos una persistente inflación, ahora bordeando 6%, resultante de los graves errores de manejo del SML y de la sobreexpansión del gasto público, que arroja déficits de 7% del PIB. Esto ha obligado al Banco de la República a llevar su tasa repo hacia 12%, frenando la deseable expansión del crédito productivo. Pero Colombia no puede caer en la trampa de regresar a las nefastas inflaciones del período previo a la independencia constitucional del Banco de la República, y esto, afortunadamente, lo tienen claro la Admón. Adle-Restrepo y el BR.