Analistas 17/02/2020

Mercado laboral, SML y pago-horas

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

En los países avanzados se viene registrando un impresionante auge laboral en esta fase de recuperación del periodo 2013-2020, tras la superación de la crisis financiera de 2007-2012. Por ejemplo, en los Estados Unidos se han observado, y de forma continua, tasas de desempleo inferiores al 4% durante los dos últimos años (actualmente en 3,6%).

Este es el mejor registro laboral del último medio siglo; hecho que ha sido bien aprovechado por Trump al resaltar en su reciente discurso del Estado de la Unión que han sido las clases sociales bajas las más beneficiadas con dicho auge laboral (incluyendo minorías y mujeres cabezas de familia). A lo largo de sus dos horas de discurso, Trump también mencionó datos muy positivos (y ciertos, en esta ocasión) sobre el mejor desempeño de los ingresos reales de los estratos bajos.

Un observador desprevenido pasaría a recomendar que entonces se duplique también el valor del Salario Mínimo Legal (SML) en Colombia, tal como ha venido ocurriendo en los Estados Unidos, durante el periodo 2009-2020. Pero esta extrapolación de posibles resultados ignora que es la flexibilidad en la contratación laboral de los Estados Unidos la que ayuda a arrojar esos buenos resultados de gana-gana en empleo-ingreso.

En efecto, en los Estados Unidos el SML estuvo congelado en US$5,15/hora durante 1997-2008 y solo se vino a reajustar a US$7,25/hora en 2009 y a US$15/hora en los dos últimos años. Ahora bien, esto ha ocurrido con marcadas diferencias a nivel estatal, siendo los líderes del ajuste del SML aquellos mercados con el mayor dinamismo laboral, como California y el Estado de Washington (Seattle).

Dicho de otra manera, primero ocurrió el incremento sostenido en la demanda por trabajo y solo después reaccionó al alza el mercado salarial (buscando el equilibrio). Esto explica por qué no se vio afectada negativamente la tasa de desempleo. Algo similar ha venido ocurriendo en Canadá y, en menor medida, en Europa (tras su ajuste bajista en salarios durante los duros años de 2009-2012).

El otro elemento fundamental a la hora de extrapolar resultados es tener en mente que en Colombia el SML afecta directamente a cerca del 70% del mercado laboral, mientras que en los Estados Unidos y Canadá ello ocurre en menos de un 10% de ese mercado.

Así, el dinamismo del salario medio en los países desarrollados dependerá de la productividad laboral y del ciclo económico. Esto explica el hecho de tenerse actualmente un diferencial Salario Medio/SML de 2,8 veces frente al 1,8 que se tenía cuatro décadas atrás, mientras que en Colombia ese diferencial ha colapsado de 1,8 a 1,5. Esto último quiere decir que, dada la prevalencia de altos costos no salariales en Colombia (cercanos al 50%), entonces los salarios tienden a nivelarse por lo bajo en función de esos altos costos de contratación y de la baja productividad de la mano de obra (ver gráfico adjunto).

En Colombia, por contraste, la demanda por trabajo creció (en promedio) cero durante 2018 y cayó a ritmos del 1% en 2019. Desconociendo estos hechos laborales, el Mintrabajo impulsó reajustes del SML a ritmos del 2%-3% real/año durante los dos últimos años (lo cual también había hecho la Administración Santos en años anteriores). El resultado ha sido patético: la tendencia de la tasa de desempleo en Colombia no ha parado de incrementarse, al pasar de 8,9% en 2015 hacia 10,5% que promedió en 2019.

En su orden de prioridades, la política laboral en Colombia debería conllevar las siguientes acciones: i) no seguirse equivocando en la exagerada fijación del SML y así evitar escuchar que “no se entiende que pasa con la tasa de desempleo”; ii) impulsar el tema de pagos por jornal-rural (según PND), pero donde la solución fundamental no parece estar en pago por horas-urbanas, pues la verdad es que ya existen los esquemas legales de contratación por días (servicio doméstico), la contratación a término fijo, los esquemas de medio tiempo y los sistemas de contratistas por horas (donde ya caben tanto los ingenieros-sistemas como los plomeros); y iii) reducir los sobrecostos no salariales que continúan siendo los más altos de la región, a pesar de haberse reducido del 63% al 50%.

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