Analistas 19/10/2026

Midiendo y controlando la Inflación

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes
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Kevin Warsh, presidente de la FED desde junio de 2026, creó nuevos frentes de trabajo estructurales, tales como: i) mejoras en la comunicación de la FED con el público, la academia y el Congreso; ii) revisión del manejo de la “hoja de balance” de la entidad, buscando recuperar un mercado de bonos del Tesoro que ha venido perdiendo su atractivo (con un salto de +0,3% hacia 5,3% tras estos anuncios en el bono benchmark); iii) escrutinio de fuentes de las bases de datos, mejorando su calidad, para optimizar sus decisiones; iv) análisis de los cálculos de productividad y mercado laboral, y v) revaluación de la estrategia de inflación-objetivo, con particular atención al tema de “guías futuristas” y a la práctica de divulgar los pronósticos trimestrales (cubriendo un año) referidos a la tasa repo nominal que visualizan los 12 miembros del Fomc.

Por el momento, los frentes con mayores expectativas han tenido que ver, primero, con el alza en las tasas de los Tesoros de largo plazo (las más elevadas en dos décadas) y, segundo, con la medición de la inflación. En lo relativo al elevado costo de la deuda, se tiene un serio problema estructural de desborde fiscal, con un déficit de 7% del PIB y una relación deuda pública bruta/PIB de 130% (incluidas deudas municipales).

Gráfico LR

Y en el tema de la persistencia inflacionaria y su medición, se sabe que la inflación viene fluctuando entre 2,6% (la subyacente) y 3,5% (la total, a nivel del consumidor final). Dada esta persistencia, la FED se vio “obligada” a elevar su tasa repo hacia 4% anual (+25 pbs) en su junta de septiembre de 2026. En un inicio, Warsh parecía escudarse en la complejidad de medición de la inflación subyacente para postergar sus señales alcistas en la repo, dado que lo que Trump pedía era que se redujeran las tasas de interés.

Este choque de visiones le recordaba al mercado lo ocurrido entre Arthur Burns, presidente de la FED (1970-1978), y la administración Nixon (1970-1974), cuando el ánimo reeleccionista buscaba también evitar una recesión en 1972. Burns, infortunadamente, cedió al esquema de controles de precios y salarios, en vez de apretar la política monetaria para contener una inflación que continuaba elevándose por cuenta del primer choque petrolero de la Opep.

Dicha inflación continuaría escalando a doble dígito al enfrentar, además, el segundo choque petrolero de 1979. Se requirió la destreza y decisión de Paul Volcker, sucesor de Burns en la FED, para restringir la oferta monetaria y sostener la Federal Funds Rate a 20% durante 1980-1981, de tal manera que la inflación lograra reducirse de 13% hacia 4% para 1989, pero incurriendo en “la inevitable recesión”.

Burns también usó entonces el distractor sobre “complejidades en mediciones de inflación” como carta disuasiva para postergar las alzas en tasas de interés. Pero Warsh parece haber aprendido la lección, pues seguramente la FED tendrá que llevar su tasa repo hacia 4,25% para asegurarse de que la inflación subyacente continúe reduciéndose de 2,6% actual hacia 2% para inicios de 2027.

Esto, tras haber ratificado que esa es la meta de la FED y pesando mucho en su contra el hecho histórico de haberla incumplido de manera consecutiva en sus últimos cinco años.
El cuadro adjunto ilustra diversas mediciones de inflación y compara sus valores entre EE.UU. y Colombia. Lo primero que cabe resaltar es que la medición más sencilla de inflación subyacente, excluyendo el costo de los alimentos, es de 3,5% anual en EE.UU. y de 6,3% en Colombia.

Estos valores no dejan ninguna duda sobre el hecho de que la llamada “brecha de inflación” es notoria en ambos países, pues la distancia frente a sus metas es abultada: 1,5 pps en el caso de EE.UU. (o 75%) y 3,3 pps en el de Colombia (110%). Pero lo curioso es que, en términos de la postura de sus tasas de interés, la repo de 4% en EE.UU. resulta solo levemente restrictiva, con 0,5% real (= 4% repo - 3,5% inflación-core), mientras que en Colombia la repo de 12,25% equivale a 6% real (= 12,25% - 6,3% inflación-core).

Pero si tomáramos la sugerencia de Burns de remover los costos de alimentos y de energéticos, entonces la inflación subyacente en EE.UU. ya no sería de 3,5% anual sino “solo” de 2,4%. En este caso, la repo-real-core se elevaría de 0,5% a 1,6%, bastante bien alineada con el nivel histórico de una regla de Taylor que indica que esa tasa se acerca a 2% real de largo plazo.

Algo similar ocurre cuando se adopta la métrica de remover los valores más volátiles de la canasta básica, pues esas mediciones “truncadas” arrojan registros de inflación-core también cercanos a 2,4% anual. Así que la conclusión sería que, en este caso de mediciones de inflaciones subyacentes más “sofisticadas”, habría menor urgencia de elevar la tasa repo hacia 4,25%, pues en lugar de una inflación de 3,5% se tiene una de 2,4%, más cercana a la meta de largo plazo de 2%.

Pero en Colombia, al medir la inflación subyacente “más sofisticada”, nótese que la brecha de inflación se mantiene prácticamente inalterada en 3,2 pps, o 110% por encima de la meta; luego, nuestro BR tiene más presión de corto plazo para pensar en llevar su repo-nominal a 12,5% y así asegurar que al menos hacia 2028 la inflación pueda regresar a 4%, siete años después de haber perdido su meta de 3%.

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Estabilidad macroeconómica - Macroeconomía - Análisis