Analistas 27/07/2026

Redes sociales, desinformación y autonomía mental

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

A raíz de los procesos electorales en Latam, se ha revivido el interés por analizar el crucial papel que juegan las redes sociales en dichas contiendas electorales. Este tema lo ha venido promoviendo a nivel global el movimiento Maga-Trumpista, insistiendo (aún en 2026) que los gobiernos de China y de Rusia habían incidido de manera importante en la elección presidencial de Biden en noviembre del 2020. Sin embargo, más allá de afirmar que China había impreso votos electorales, que supuestamente incidieron en la derrota de Trump, no existe ninguna evidencia seria sobre tal afectación.

En cambio, existe, pero es difícil de cuantificar, la incidencia de las redes sociales tanto en el devenir diario de los usuarios (a través de computadores, celulares y iPads) como en los sesgos informativos que generan las repetidas “fake-news”, donde “la atención es un commodity”. Luego aquí resulta oportuno destacar la reciente publicación del libro “La Zona de la Máquina” (2026 Ariel), de autoría de Carlos Cortés Castillo, reconocido abogado que lleva una década trabajando en estos temas de redes sociales.

La Zona de la Máquina

El título hace alusión al poder absorbente de la atención de los usuarios que navegan redes, penetrando en una zona donde los que dominan son los algoritmos y no la voluntad humana, especialmente la de los más jóvenes. El hilo conductor del relato de Cortés ocurre a través de su interés por el ajedrez y sus “momentums”. En la obra esa analogía resulta atractiva y llevadera, especialmente para los gomosos del llamado “juego ciencia”. (Lectores: no dejen de profundizar en la fascinante historia de “El Turco”). El autor maneja un estilo cautivante de frases cortas y punzantes, sin desperdiciar una buena dosis de sarcasmo imaginativo, pero siempre amigable con el lector.

“La apertura” cumple bien el objetivo de focalizar el alcance del libro: análisis de la penetración que en tu vida tienen las redes sociales, al tiempo que se relata la historia de dichos desarrollos “mancomunados”, con múltiples participantes, desarrollos insospechados y de carácter global.

El “Juego Medio” resulta agradable para los interesados en la historia e implicaciones de desarrollo de las redes; y esto sin necesidad de entrar en tecnicismos. Allí deja sembrado el interés por el “marco regulatorio” que es bien sabido ocurre a velocidades cambiantes y vertiginosas.

No obstante, “El Final” parece quedar en punta, lo cual es apenas natural, tratándose de procesos en desarrollo, con solo tres años de aparición de la inteligencia artificial, siendo difícil predecir para dónde vamos. Yo mismo he sido víctima de tal proceso (ver Clavijo, 2025 “Fintech, Finternet…” SSRN, abril).

Muchos de estos temas también aparecen en “Sapiens” (2011), donde Harari nos relataba cómo debió fraguarse en épocas cavernícolas el liderazgo de los machos alfa a la hora de sobrevivir mediante la cacería con rudimentario armamento. Destacan los antropólogos la particularidad del Homo sapiens generando dicho liderazgo sobre la base de “promesas”, “historias” y “relatos”, muchas de las cuales no tenían sustento empírico ni pruebas que las soportaran.

Esta diferencia de comunicación verbal elaborada hace a nuestra especie única en materia sociológica y explica, en buena medida, la capacidad organizativa lograda en los últimos 6.000 años. Ninguna otra especie ha logrado aglomerar a millones de su misma especie bajo la búsqueda de particulares objetivos y organizar el trabajo mancomunado en pos de ellos.

Las tribus de Homo sapiens se han agrupado conforme a la credibilidad que van ganando sus historias y relatos. Pero no se trata de simple “entretenimiento”, sino de ir tejiendo complejas organizaciones sociales. Se iniciaron con excursiones sobre la mejor forma de cazar bisontes, pero los líderes que así se posicionaron ganaron dominación sobre la tribu y su futuro.

Y en materia de comunicación, ahora Harari (2024 “Nexus”) ha producido una obra inclusive superior en su calidad argumentativa. Su hipótesis central es que los actuales movimientos anti-establecimiento tienen complejas raíces de retroalimentación masiva y carecen de adecuada verificación de los hechos. Luego podría pensarse que “adecuados validadores” y mejor difusión sobre los hechos llegarían a contrarrestar estas fuerzas disruptivas de la masiva desinformación.

Harari argumenta que “más información” no conducirá a esclarecer los hechos, pues dominan los factores de “sesgo de confirmación” (utilizando la jerga del premio Nobel Thaler, que curiosamente Harari no cita). La “visión ingenua” sobre qué es lo que genera “la conexión” descansa en pensar que más información aclarará los hechos. Pero precisamente el desarrollo tecnológico reciente de “redes sociales” nos está demostrando que es el triunfo de la desinformación y de los regímenes dictatoriales (China, Corea del Norte, Rusia). Aun regímenes democráticos han entrado en fase “disfuncional” al recortarse los balances y contrapesos de la Rama Judicial, como en EE.UU. bajo la era Trump (2016-2020 y 2025-2029).

Y, por supuesto, se tienen los “validadores” institucionales de sus respectivas “iglesias” pregonando masivamente la validez de dichos mensajes, de la misma manera que operan los “brujos de la tribu”. Particular interés histórico tiene el relato de las oleadas “inquisidoras” montadas, previas a las de España, en Múnich y Bamberg (1600), donde se calcula que 8% de la población fue a la hoguera para preservar “las instituciones validadoras”.

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