Repensando el Futuro de América Latina
Esta es la tarea que se propuso la Corporación Andina de Fomento, CAF, al convocar expertos de variadas disciplinas y así “esculcar” el pasado de la conquista española, su período colonial y la difícil construcción de sus naciones durante los siglos XIX y XX; ver CAF (2025), Antes del próximo imperio.
Sin embargo, no fue nada clara, para mí, la estructura analítica de tal obra. Imagino que la idea era que el lector fuera construyendo, a partir de los relatos de la conquista española (especialmente sobre las traumáticas experiencias de aztecas en México e incas en Perú), sus propias conclusiones sobre la generación de identidad latinoamericana.
Por ejemplo, Rueda y Battcock (“Méxicas e incas”, en la obra CAF) aportan detalles sobre sus sofisticadas organizaciones sociales y la forma disruptiva en que los conquistadores Cortés y Pizarro, respectivamente, aprovecharon la ingenuidad indígena para aniquilar civilizaciones de más de 1.000 años. Pero, según Jared Diamond (2006, Collapse), en México y en el norte de Centroamérica la cultura maya ya daba muestras de sobreexpansión poblacional (lo cual no mencionan tales autores), facilitando su ulterior colapso. Destacan, sí, Rueda y Battcock cómo Alexander von Humboldt (1802) y Edward King (1820) se interesaron por las huellas de los elementos etnográficos; pero, la verdad, resulta difícil, a través de tales relatos, imaginar el aporte de esos autores a la identidad y, sobre todo, las implicaciones organizacionales para la América Latina de los siglos XX y XXI.
Algo similar ocurre con la perspectiva indígena aportada por Inkarri Kowii (“De América a Abya Yala”, en la misma obra CAF): es difícil imaginar lecciones desde ese entonces para la situación actual regional. Y el diálogo informal establecido por Perea y Salazar (“La discordia infinita”, en la misma obra CAF) no logra llenar estos vacíos “… antes del próximo imperio”, el cual parece estar asociado a la penetración comercial de China en la región, sobre lo cual nada se dijo.
Mejor logro alcanza el escrito de Carlos Granés, “El período republicano” (en la misma obra CAF), pues con éxito descifra huellas, legados y errores en la construcción de las naciones de América Latina (1810-1905), extrayendo allí, sí, sus implicaciones contemporáneas. La interesante tesis de Granés, bien documentada, es que la falta de asentamiento de los principios democráticos en la región se topó con una fragmentación regional, donde los caudillos tuvieron (desde las mismas épocas de Bolívar enfrentando a Páez) serias dificultades para generar “orden republicano”.
De allí el colapso de las “patrias grandes” (Gran Colombia en 1831 y República Federal Centroamericana en 1841). Y también ocurrió la reversión del propio Bolívar respecto a sus principios democráticos (enfrentándose a Santander en 1827), lo cual conduciría al “americanismo bonapartista” autocrático y con aspiraciones vitalicias. Así, las políticas autárquicas, como la adoptada por el dictador Rodríguez de Francia en Paraguay (1814 a 1840), terminarían por derrotar el espíritu liberal y librecambista en buena parte de América Latina. He allí las raíces cepalinas regionales, tan poco analizadas en estos escritos.
Este fracaso en los asentamientos democráticos y el surgimiento caudillista, explica Granés, mermaría la calidad de las instituciones regionales modernas, golpeadas también por la Gran Depresión (1929-1937). El Cono Sur sería terreno propicio para que gobernantes tipo Perón (1940-1950) emularan el fascismo que promulgaba Mussolini a instancias de la Segunda Guerra Mundial.
Granés retoma sus mensajes sobre los profundos efectos “propagandísticos” antiimperialistas provenientes de José Martí y Rubén Darío, en busca de una identidad particular latinoamericana, bien explicados en Delirio americano (2022). Estos cristalizarían en el triunfo de la Revolución cubana (1955-1959) y sus riesgos permanentes de expansión regional.
Pero donde creo que Granés se queda corto, y también es la falencia de la obra CAF, es que en esas visiones multidisciplinarias terminaron por ignorar las raíces socioeconómicas que ayudan a explicar mejor las causas de esa fragilidad democrática regional. Si bien se mencionan problemas de lánguida industrialización, pobreza, atomización geográfica y concentración del ingreso (que difícilmente se pueden reducir al “problema del caudillismo”), carece dicho ejercicio de la CAF de un análisis histórico-económico relevante para explicar los avatares de nuestro precario desarrollo y de sus debilidades institucionales.
Convendría, por ejemplo, usar el marco analítico que hoy postula la “crisis aspiracional” de América Latina, describiendo los importantes progresos regionales en reducción de la pobreza de 50% a 35% (2000-2019) y la expansión en cobertura educativa, pero surgiendo en paralelo la frustración de la clase media (2010-2025) a la hora de alcanzar estatus sostenible, en razón de los elevados costos educativos y de su frágil inmersión en el mercado laboral (detalles en Clavijo, 2020, Frustración social…, documento SSRN). Una somera comparación histórica del desarrollo moderno de Estados Unidos y Europa, en contraste con América Latina, habría resultado más fructífera respecto del objetivo allí trazado de entender la región “antes del nuevo imperio” de China, actualmente con gran incidencia regional.