Analistas 25/05/2026

Trayectorias paralelas-nefastas: Brasil y Colombia

Sergio Clavijo
Prof. de la Universidad de los Andes

Brasil y Colombia parece que siempre serán “los países del futuro… y las frustraciones del presente”, tal como lo postula el decir carioca. Y de cara a los procesos electorales de 2026, se tiene elevada incertidumbre sobre continuismos de nefastos gobiernos populistas, bajo el físico-octogenario Luiz Inácio Lula da Silva y el ideológico-octogenario Iván Cepeda.

Las encuestas revelan empate técnico entre Lula y el hijo de Jair Bolsonaro, quien intenta moderar su discurso derechista, mientras su padre permanece encarcelado por intento de atornillarse al poder. Los sondeos en Colombia dan un tercio de probabilidad de que la fórmula de centro-derecha Valencia-Oviedo pueda pasar a segunda vuelta y enfrentar a la fórmula populista de Cepeda.

De ser así, la probabilidad de regresar a un ordenamiento monetario-fiscal se incrementaría a 60% para la segunda vuelta de junio de 2026.

Brasil y Colombia se caracterizan también por enfrentar un serio descuaderne social: elevada disparidad de ingresos, dificultades para reducir índices de pobreza por debajo de 30% y lánguido crecimiento potencial. En Brasil, la tendencia decenal del crecimiento es tan solo de 1,5% anual y en Colombia de 2,5% anual, donde la inversión extranjera encuentra serios obstáculos para generar apalancamientos duraderos.

En ambos casos ocurrieron acelerados procesos de desindustrialización, donde la relación industria/PIB cayó de 20%-23% a 10%-15% en las tres últimas décadas. Atrás han quedado grandes fábricas de automóviles que acogieron al Lula agitador de 1960-1970 en la zona del ABC paulista, tornándolas inviables desde hace dos décadas por elevados costos laborales.

Colombia nunca logró saltar de la sustitución de importaciones cepalina hacia la diversificación exportadora prometida durante 1967-1974. Y, durante la última década, hemos visto colapsar la relación exportaciones/PIB de 16% a 12%, a pesar de los TLC negociados décadas atrás. Estos deberían haber potenciado 80% de nuestra canasta exportadora y ello nunca ocurrió por los “elevados costos país”.

Y sin tener Colombia un mercado interno grande como el de Brasil, optamos aquí por replicar tímidas aperturas que explican el “enconchamiento comercial” de ambos países, donde la relación (exportaciones + importaciones)/PIB ha bordeado 28% en Brasil y 35% en Colombia, frente al promedio de América Latina de 45% (Clavijo et al., 2025, Internacionalización comercial…, Fundesarrollo).

El nefasto paralelismo también cobija el delicado tema del orden público. Recientemente, The Economist (abril de 2026) relataba cómo la violencia en Brasil no está confinada a recónditos lugares, sino que aparece enraizada en la misma zona turística de Río de Janeiro. Allí, solo la presencia militar que acordona las playas de Ipanema escapa a las constantes amenazas de las mafias del narcotráfico que todo lo controlan.

Cerca de un tercio de las zonas de favelas son impenetrables para la fuerza pública. En Colombia, el escalamiento narcoterrorista ha penetrado ya el Valle del Cauca, avanzando desde Ecuador hacia Nariño y Cauca, y desde Venezuela hacia el Catatumbo de Norte de Santander y La Guajira.

Y, como si fuera poco, ahora se combina todo esto con un gran desmadre fiscal, llevando la relación deuda pública bruta/PIB hacia 100% en Brasil y a 65% en Colombia. En estos umbrales de deuda, si la dinámica arroja balances primarios negativos -hasta de -3,5% del PIB en Colombia-, se corre el alto riesgo de enfrentar “frenazos súbitos” en las fuentes externas de financiamiento.

Ambos países se ubican entre dos y tres escalones por debajo del grado de inversión, habiendo sido degradada Colombia recientemente por Fitch Ratings y Standard & Poor’s, cuya recuperación implicaría trabajar arduamente en ello a lo largo de 2026-2030.

En el cuadro adjunto se observa cómo la estrategia de financiamiento público de Brasil se ha volcado sobre sus fuentes internas, conociéndose todo el resquemor que genera su fragilidad socioeconómica. En materia de bonos públicos, los tenedores del exterior han caído de representar 16% del total de la deuda pública en 2015 a solo 10% en 2025.

Si bien esta tendencia aminora el riesgo del “sudden stop” proveniente del offshore, el resurgimiento inflacionario de 2021-2026 ha conducido al escalamiento de las tasas de interés de su banco central de 2% a 14,75%. Esto ha implicado que el costo financiero haya escalado de cero real en 2020 hasta llegar a 9% real en 2025, según la repo real core, pero alcanzando 12% real sobre la deuda pública, dada su elevada prima de riesgo, bordeando +300 pbs.

Empero, a nivel empresarial, Brasil continúa siendo una plaza atractiva para la inversión extranjera, donde la tenencia accionaria offshore se ha mantenido estable en 45%-50% del total y cuyo valor bursátil actual triplica el de los tenedores de bonos de deuda pública (US$600.000 millones en acciones listadas en Brasil frente a US$170.000 millones en bonos soberanos de Brasil).

Por contraste, el valor bursátil del offshore en Colombia ha continuado cayendo de 25% a 12% del total durante la última década y tan solo asciende a US$15.000 millones; al tiempo que su tenencia de bonos soberanos también ha descendido de 25% a 18% del total. Al igual que ocurre en Brasil, este “seguro” antifrenazos súbitos del offshore puede resultar muy caro fiscalmente hablando, si continuamos con tasas TES que han escalado de 4% a 6% real, ante la elevada incertidumbre sobre el ordenamiento fiscal estructural de Colombia.

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