Analistas 09/07/2023

Esa gente maluca para negociar

Sergio Molina
PhD Filosofía UPB

Comenzaré y terminaré este artículo con este enunciado: No aparentemos ser tan socialmente correctos, admitamos, hay gente maluca por ahí. El concepto de persona maluca define bien a aquel o aquella sobre quien recae. Maluco (a), según la Real Academia de la lengua española, es un vocablo particularmente usado en Latinoamérica y está definido como: persona Ingrata y malvada, un objeto de poca calidad o eficacia o un alimento de gusto desagradable. Estas calidades aplicadas a una persona dicen mucho de su actuar, anticipando que es mejor no negociar, pasear, tratar ni exponerse con quien posea tales características.

Pero atención, el asunto a veces vergonzante de ser rotulado como excluyente, no nos deja escoger abiertamente con quienes nos rodeamos, inculpándonos de selectivos (como si ello fuera malo). Superemos esa culpa segregacionista con el argumento irrefutable de que la amistad y el relacionamiento son un cultivo y estrictamente un buen cultivo, por lo tanto, es imperativo decodificar oportunamente el modo y la intencionalidad de nuestros interlocutores, de lo contrario nos estaríamos nutriendo mal y no vayan siendo contagioso el modo de la “mala gente”.

Nadie está obligado a tener un sentimiento que no quiera y mucho menos a sostener una relación (la que sea) que no le dé buen pálpito, le incomode o genere disonancia mental y/o espiritual. El maluco o maluca no genera seguridad y confianza, estos dos últimos estados son, según el filósofo francés, JL Marión los elementos a partir de los cuales incluso nos enamoramos los seres humanos, antes que de la apariencia. “La seguridad que me viene de afuera” es lo que garantiza el horizonte de amistad o comercial. Los socios, vendedores o compradores, me generan más o menos dudas, una atmosfera en la que siento “un no sé qué” y que casi siempre resumimos en intuición, feeling o “buena vibra”.

Esos que “chupan” el alma o “generan suspicacia”, son detectables fácilmente por como miran, lo que dicen y cómo lo dicen. Los malucos existen por doquier, su modo te advierte y algo intuitivo o razonable te dirá: Peligro, muévete de ahí.

La maluquera se contagia quizás más que la virtud. Una de las señoras mayores de mi casa sentenciaba que “quien entre la miel anda, algo se le pega” y también insiste la metáfora antigua de que, “aves del mismo plumaje, vuelan juntas”. El propósito de relacionarnos bien no debe generar sentimientos de culpa por superioridad. La dignidad se extrae también del entorno y la frecuencia con que nos relacionamos con los modos de los demás.

En cuanto a pareja, amigos y colaboradores, el asunto no es el de ir recibiendo a cualquiera por mera empatía y aparente apertura. Respeto y cordialidad, pero también distancia con quien dañe, critique, reniegue, mienta, difame o contagie malestar. Hazlo y no le des vueltas a la decisión. Los “malucos” tienen sus justificaciones y explicaciones por trauma, patología o rasgo de personalidad, pero ello no admite la sobre exposición ante estos o el tolerar por tolerar. Insisto: No aparentemos ser tan socialmente correctos, admitámoslo, hay gente maluca por ahí y ante ella, mucho amor y salvaguardia.

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