Si lo nombran ministro, embajador o lo que sea, tenga en cuenta…
sábado, 22 de agosto de 2026
Sergio Molina
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Soñemos caro, ¿cómo fuera que a usted le nombraran en un cargo destacado?, ¿puedo suponer que tiene todo en orden para ejercer?, ¿todo bien en casa?, no saldrá usted con alguna “sorpresita”. La marca personal es la síntesis de reputación, esfuerzo, ética e historia personal verificable, es decir, ¡a toda prueba! ¿Sus actos han sido consecuentes con el orgullo que siente su familia? No piense como Maquiavelo, que consideraba que “la percepción de la reputación es más importante que la realidad misma”. La probidad no es un accesorio, es un hecho del que otros, no usted, dan fe.
Hablemos de sus calidades profesionales. En vista de que muchos inflan maliciosamente la trayectoria para ser elegidos, recuerde que, si se anuncia como graduado, efectivamente debe serlo, sin mentir; lo advierto ante tantos profesionales que no presentaron la suficiencia idiomática y por ello no tienen foto con el birrete. A propósito, ¿trasegó su tesis o la encargó? Recuerde que los repositorios universitarios lo pueden dejar en la calle. La experiencia es un documento público, pudiéndose cotejar fechas, seguridad social y declaraciones de renta; más vale que no presuma lo inexistente. Antes de enviar el perfil para los vistos buenos, cerciórese, incluso de lo elemental, de no tener fotomultas pendientes por velocidad; de ser así, póngase al día. Ojalá que no obren disciplinarios en su contra, mucho menos sanciones vigentes. ¿Algún pecadillo que lamentar? ¿Una copa de más cuando conducía? ¿Algún “usted no sabe quién soy yo” en alguna red social? ¿Un flirteo con alguien de su equipo de trabajo que se pudiera calificar como impropio o forzado? Haga memoria. Revise, si es del caso, haga un mea culpa dejando evidencia de su reparación. Si esta vez no se da lo del encargo, póngase al día, no solo diga que es buen ciudadano. Redireccione su marca personal, aunque Schopenhauer dijo que “la reputación es como un espejo; una vez roto, se puede reparar, pero nunca volverá a ser el mismo”.
Ahora revisemos su entorno familiar y social, no tiene que pertenecer al grupo de esposos de la iglesia, ni al de padres de familia del colegio de sus hijos. Dé cuenta de sus obligaciones civiles; de sus matrimonios, si fueron varios, pero bien finiquitados; de las quejas de sus vecinos por ruido, si las hay, y de que nunca ha ocupado un parqueadero preferencial en el supermercado.
Escrute su conciencia: nadie podrá resolver esta cuestión más que usted. ¿Su actual momento le permite no caer en tentación por el dinero? ¿La fama y el protagonismo son un asunto resuelto? ¿Cómo andamos de vanidad? ¿Sabe en qué consiste el liderazgo? ¿Esta será una experiencia vital y esencial, más que social? ¿Acepta tranquilamente que le revisen su reputación? ¿Es consciente de que esta oportunidad es temporal? Si respondió positivamente, tenga la bondad y escoja un traje modesto, no costoso: la austeridad es la cuota inicial del buen modo, en lo público y lo privado.