Colombia no saldrá de la pobreza si no logra producir más, generar empleo y crear riqueza. Para conseguirlo, debe priorizar sectores estratégicos y sostener una visión de largo plazo. Esa ha sido una convicción que me ha acompañado durante más de cuatro décadas de trabajo alrededor de la vivienda sostenible, las ciudades resilientes y el desarrollo del país.
El actual gobierno tiene determinación y voluntad política para enfrentar la pobreza y la desigualdad. El verdadero desafío es transformar esa voluntad en una estrategia de crecimiento que trascienda los periodos presidenciales y se convierta en política de Estado.
Crecer 2% o 3% anual no basta para cambiar la vida de millones de colombianos. Deberíamos proponernos crecer entre 4% y 6% durante 15 o 20 años. A ese ritmo, la economía podría duplicarse aproximadamente entre 12 y 18 años.
Pero crecer no significa únicamente aumentar el PIB. Significa elevar la productividad, generar empleo formal, mejorar los ingresos y ampliar las oportunidades, hasta lograr que la prosperidad llegue efectivamente a los hogares.
Vietnam ofrece una lección extraordinaria. Desde las reformas de 1986, combinó apertura económica, inversión, industrialización, infraestructura, educación y exportaciones. En pocas décadas redujo de manera radical la pobreza y se convirtió en una de las economías más dinámicas del mundo.
Corea del Sur ofrece otra experiencia contundente. Partiendo de condiciones de pobreza extrema, mantuvo durante décadas una estrategia basada en educación, industrialización, infraestructura, tecnología, inversión y exportaciones.Hoy es una economía desarrollada.
Singapur demuestra, además, el poder transformador de la vivienda. Una política masiva, formal y asequible, integrada a una visión de largo plazo sobre la ciudad, contribuyó a mejorar la calidad de vida y permitió a millones de familias construir patrimonio.
Colombia puede aprender de esas experiencias. La pobreza no se supera simplemente administrándola, sino creando riqueza y oportunidades. El gobierno de De la Espriella tiene la oportunidad de convertir su impulso inicial en una estrategia de crecimiento sostenido.
Necesitamos una agenda nacional sustentada en seguridad jurídica, inversión privada, educación pertinente, formalización laboral, industrialización, agroindustria y mayores exportaciones. Dos motores merecen especial atención: vivienda e infraestructura.
La vivienda no es únicamente una política social; también es una política de crecimiento. Genera empleo, moviliza cadenas productivas, dinamiza el crédito, desarrolla ciudades y permite formar patrimonio. La infraestructura conecta territorios, reduce costos, eleva la productividad y abre oportunidades para la inversión.
La reconstrucción también puede ser un instrumento para crecer mejor. Chocó es un ejemplo: la tragedia ha convocado una gran solidaridad y puede convertirse en una oportunidad para levantar mejores viviendas, ciudades e infraestructura, bajo criterios de sostenibilidad. Allí hay liderazgo regional y una comunidad que merece convertir la esperanza en futuro.
El gobierno tiene la voluntad. Ahora Colombia necesita convertirla en una estrategia nacional de crecimiento sostenido, capaz de trascender varias administraciones. Porque salir de la pobreza no es tarea de un gobierno: es tarea de una generación. Y para lograrlo hay que crecer, construir y perseverar.