Analistas

“Cogerle la caña” a Sarmiento Angulo

Silverio Gómez Carmona

Este es un momento trascendental para nuestro país, pues está a portas de definir el modelo económico, social y político más allá de un cuatrienio. Sin tapujos, hay que decirlo: se enfrentan dos líneas, una que defiende un mayor protagonismo del Estado en la sociedad para enfrentar los problemas y otra que pregona la libertad en sentido amplio, tanto económica como social, en asuntos como la salud, la educación, la energía y la oferta de servicios básicos.

Y no hay que engañarse con cuentos chimbos. El Estado colombiano no tiene la capacidad para asumir ni siquiera en mínima proporción las soluciones requeridas en áreas como infraestructura, educación, salud, energía y tecnología. Por eso no es más que narrativa barata. En el mundo está inventado: el Estado regula y corrige distorsiones, y los particulares montan los proyectos y generan riqueza.

Colombia es un país con polos de desarrollo regionales dispares. El centro y la región andina, la costa Caribe en la zona industrial de Barranquilla y Cartagena, Santander y Valle del Cauca muestran niveles destacados, así haya desequilibrios muy dicientes.

La región Pacífica y la Altillanura merecen referencia especial. La primera (Chocó, Cauca y Nariño), que se caracteriza por una gran pobreza monetaria y social, solo ha sido objeto de discursos ocasionales de los gobiernos centrales y poco o nada ejecutado. Ahora, solo la candidata Paloma Valencia ha incluido un Plan Pacífico en su programa y va en serio.

La otra zona, llamada Altillanura, en una visión geográfica amplia comprende 46% del territorio nacional, 54 millones de hectáreas. Es muy diferente al Pacífico y, por eso, requiere un desarrollo distinto, comenzando por el tratamiento ambiental, las características de la tierra y la geología. Es una zona con un gran potencial económico, de cuidado ambiental especial y de ocupación poblacional, pues hoy la densidad va entre 2 y 12 habitantes por km2, a todas luces muy baja, pues en el área andina es casi 100 por km2, pero la idea no es nunca invadir irracionalmente el territorio oriental.

Hoy los colombianos estamos imbuidos de política, con toda razón, pero no hay que pasar por alto cosas importantes, como una intervención del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, apasionado y creyente de la importancia de desarrollar la Altillanura, en un homenaje que le hizo la Escuela de Ingenieros Julio Garavito.

Con toda autoridad lo dice Sarmiento: “En la Altillanura colombiana existen extensas superficies que podrían y deben ser aprovechadas para impulsar el crecimiento económico y elevar la calidad de vida de todos los colombianos, siempre con pleno respeto por el medio ambiente y garantizando la seguridad nacional. Se trata de un territorio que ofrece excepcionales oportunidades para combinar producción sostenible, crecimiento económico, conservación ambiental y estabilidad territorial”.

Países como Brasil y Argentina han desarrollado con éxito regiones similares, creando riqueza para todos sus habitantes. Colombia está en mora y el nuevo gobierno debe “cogerle la caña” al banquero en un modelo de cooperación mutua con el Estado y no de competencia odiosa, como pregona Gustavo Petro, para enfrentar la dramática crisis de la salud entre narrativa de izquierda y emprendimiento privado.

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