Analistas 27/06/2026

Confianza entre quienes lo quieran

Silverio Gómez Carmona
Economista y periodista, y autor de "2022-2026: El desastre anunciado del último Aureliano"

Por la voluntad de la mayoría de los colombianos, Abelardo De La Espriella es el presidente de Colombia para el período 2026-2030, como lo avalaron los organismos creados para ese efecto: el CNE y la Registraduría. Las partidas de la vida se ganan por un margen amplio o estrecho, pero vale el veredicto sin notas de pie de página.

No es por la decisión o voluntad de Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda, quienes desde la misma noche del 21 de junio pusieron en duda la elección y luego no tuvieron otro camino que aceptar el veredicto, pero con una andanada de cuestionamientos sobre una supuesta compra de votos, intervención de Trump en las elecciones, vinculaciones de la mafia y, lo más inaudito, la exigencia de que se asuma el plan del perdedor. El candidato ganador dejó claro en su primera intervención que respetará las ideas contrarias, no perseguirá a sus opositores que fomenten la violencia y gobernará para todos. Petro y Cepeda lo descalifican pretendiendo sembrar desconfianza anticipada. Realmente no quieren gestionar diferencias con quien obtuvo el poder democrático.

1. No es la primera vez que Colombia elige un mandatario con una diferencia estrecha, como sucedió ahora, y eso no lo descalifica para nada, como tampoco aceptar que se impuso una táctica o un programa de campaña que se debe adelantar y poner en marcha en beneficio de todos los ciudadanos del país, ahí sí, sin distingos de ideología, creencias o estratos, con evidente gradualidad. Lo dijo Abelardo: las elecciones terminaron. Creer que el estrecho margen no le da credibilidad al gobierno es otra señal de la siembra de desconfianza.

2. Gustavo Petro, siendo ya mandatario, nunca dejó de ser candidato. Su ideología tiene como fundamento, de entrada, generar desconfianza en quienes no piensan lo mismo, lo que cautiva a algunos sectores, pero cuyo fracaso ha sido evidente, porque además de falta de experiencia, conocimiento y preparación para manejar problemas y soluciones, el discurso básico está montado sobre la narrativa de “gobierno con el pueblo”, “revolución y cambio” y defensa de la vida, como si esta fuera exclusiva de la izquierda. Además, el abuso y la corrupción han sido una constante.

3. Los colombianos necesitamos volver a confiar en el gobierno y en el primer mandatario, confianza que se perdió. Vimos a un presidente enredado y disperso, incapaz de liderar un equipo, megalómano, paranoico, mentiroso, irresponsable, superficial y sin principios. No pudo ser feliz, como él mismo lo dijo: “Vale la pena ser presidente, pero, tengo que decirlo, no para ser feliz. Qué episodio tan infeliz del que he vivido”. No queremos nada más de eso.
Con Petro y su banda creció la pérdida de confianza y su recuperación debe ser una prioridad nacional frente a la defraudación de estos cuatro años, que tendrá la oposición radical de los “despechados”. Queremos un gobierno, un Congreso, unas cortes y un sector empresarial como somos los colombianos: buena gente, vecinos, amigos, familiares, soñadores y empujando para el mismo lado, confiados y tranquilos porque buscamos seguridad, transparencia, progreso y bienestar, con diferencias, ilusiones y ambiciones, pero con los mismos objetivos, al estilo de la Selección Colombia bajo el comando de Lorenzo. Confianza con quienes lo quieran y acepten.

La confianza no implica manguala, sino acuerdos básicos. No es otro Frente Nacional y las condiciones no las ponen nunca los perdedores. Solo entran quienes quieren bienestar general, crecimiento de la economía, empleo y soluciones en temas como la convivencia y la salud, y crean que los “recursos públicos son sagrados”. En democracia. Es la misión de Abelardo y José Manuel.

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CNE - Registraduría - Abelardo de la Espriella