Costeños: la culpa no es de los cachacos
sábado, 1 de agosto de 2026
Silverio Gómez Carmona
García Márquez, Shakira y Carlos Vives, entre otros, son símbolos de nuestro país y, en particular, del Caribe, como ocurre con los ídolos de otras regiones, que cada una reclama con orgullo y con lógica local.
La Costa Caribe (siete departamentos) puede ser considerada la región potencialmente más rica de Colombia, tiene todo para serlo: tierras fértiles para agricultura y ganadería, minería con grandes yacimientos de carbón y de oro de cierta importancia, el clima ideal para ser potencia energética, tres puertos ubicados estratégicamente, y playa, naturaleza e historia para ser también una potencia turística de talla mundial. Varias de esas características son exclusivas de esa zona y no las tienen otras zonas del país.
Pero los indicadores muestran que algo serio les pasa a los costeños, en particular a sus dirigencias política y empresarial. Mientras la región oriental (comandada por Santander) representa 20% del PIB nacional y la región central, 23%, la Costa solo alcanza 14,9%, superando en un punto a la zona occidente. Esto para no hablar de Bogotá, que es 26% del producto nacional. Valle del Cauca es dos veces más rico que Atlántico, y Santander supera al Caribe en 15%. Pero el drama es todavía mayor cuando se habla del producto por persona: Bolívar ocupa el puesto 14 y Atlántico el 17 en el ranking nacional, y ni hablar de los otros departamentos del Caribe: Córdoba, Guajira y Sucre ni siquiera alcanzan 50% del ingreso nacional promedio per cápita.
Hay un indicador que mide la pobreza real, pues contempla 16 variables sobre cómo viven los ciudadanos: el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que analiza aspectos como el analfabetismo, la carencia de alcantarillado, la salud, el hacinamiento crítico, el cuidado de niños, la deserción y el rezago escolar, y el trabajo informal, entre otros. La región Caribe es la más pobre del país, con 17,9% de su población en esa situación, casi el doble del promedio nacional. El analfabetismo (no saber leer ni escribir) en la Costa es de 18,8%, el triple que en el oriente del país y dos veces la Costa Pacífica; uno de cada cinco hogares no tiene alcantarillado, y el rezago escolar es de 42%, que no es otra cosa que un reflejo de la calidad de la educación.
La informalidad laboral alcanza límites dramáticos y récord -81%-, cuando el promedio nacional no llega a 60% y en la región central es de 67%. En los campos de la Costa, nueve de cada diez trabajadores son informales. Esto muestra también una gran informalidad empresarial, pues el Caribe solo tiene 80 empresas entre las 1.000 más grandes de Colombia, cuando Antioquia tiene 180 y Bogotá-Cundinamarca, 533. Atlántico es el último (entre 33) en conservación ambiental según el Índice de Competitividad Regional, que elabora anualmente el CPC. ¿Centralismo? No, rotundo, y no hay que victimizarse. El presidente De la Espriella ha decidido que va a despachar desde Barranquilla, la ciudad más importante del área, lo cual hace sentir orgullosos a los costeños. Es una decisión ligada a la suerte de uno de sus paisanos, pero no -con todo respeto y cariño- por méritos de la región; y aunque no se puede descalificar la decisión personal del mandatario, si se hiciera un concurso para definir una sede alterna de la Presidencia, seguro el resultado sería otro. Iván Cepeda, pese a Petro, ganó en todos los departamentos de la Costa; la región tiene la tercera parte de los senadores y casi la mitad de los ministros de Abelardo. Eso es importante, pero no suficiente para cambiar el rumbo de la rica Costa Caribe, si así lo quieren los empresarios y la dirigencia regional; lo cierto es que la culpa no es de Bogotá, Medellín, Cali o Bucaramanga. “El enemigo no está afuera sino adentro” se aplica aquí.