Analistas

Descentralización: por más fondo que formas

Silverio Gómez Carmona

¿Quién puede estar en contra de una autonomía regional para que los territorios intervengan más en la definición de su propio destino? Con seguridad que nadie, pero el problema radica en que cada uno tiene una idea o un interés propio y legítimo.

Todos los planes de desarrollo han incluido el asunto como política. No es nuevo ni se está inventando ahora nada. Folclóricamente, la conversación entretenida se reduce a la propuesta de que el presidente tenga una sede alterna para atender los asuntos de estado, en particular Barranquilla, pero no hay que exagerar la nota, pues eso no tiene nada que ver con los requerimientos de una política de descentralización y autonomía regional que tanto requiere el país y que el Congreso aprobó ya un marco normativo que desembocará en una ley de competencias verdaderamente importante. Esta sí es la gran oportunidad para hacer un “revolcón” en las relaciones centro-periferia y enfrentar la inequidad regional y, adicionalmente, algo clave como enfrentar la crisis fiscal que deja Petro. Tampoco descentralizar es buscar “golpear” a Bogotá, cuando la capital es una región más dentro del país, así sea la más importante, próspera y desarrollada. Centralismo puede haber desde Cali, Medellín o Barranquilla.

En el país se han hecho bien algunas cosas. Después de Brasil, Argentina y México, no hay otro como el nuestro con polos de desarrollo regionales fuertes y propias vocaciones productivas que giran alrededor de una ciudad importante, como Cali, Medellín y Bucaramanga. Bogotá representa solo una cuarta parte del PIB nacional, en tanto que cinco regiones casi la doblan en riqueza. La Sabana es una región con problemas de movilidad e infraestructura más graves que en otras y hasta ahora está estructurando un sistema metro cuando Medellín lo tiene hace varios años, para no hablar de que está por debajo del número de policías en promedio por cada cien mil habitantes.

Los planes de desarrollo de los distintos gobiernos han tenido ideas y proyectos ligados con las regiones. El “Plan de Integración Nacional” de Turbay Ayala (1978-1982) incluía un ambicioso programa de infraestructura para el fortalecimiento económico de las regiones y el desarrollo de instituciones locales fuertes. Las CAR fueron escogidas como un instrumento idóneo para este objetivo. Que hoy no funcionen bien es responsabilidad de los mismos gobernadores y alcaldes.

“Cambio con equidad” de B. Betancur (1982-1986) tuvo un capítulo para lograr un desarrollo regional más equitativo. La elección popular de alcaldes y una ambiciosa reforma tributaria local (Ley 14/83) fueron elementos clave. El “Plan de Economía Social” de V. Barco (1987-1990) tuvo el Plan de Rehabilitación (PNR) como bandera de las regiones; “La revolución Pacífica” de C. Gaviria (1990-1994) buscó acabar con los dañinos conceptos de “municipalismo” y “departamentalismo” que pueden ser más funestos que el mismo centralismo y promovió el esfuerzo fiscal local. “Cambio para construir la paz” (1998-2002) de A. Pastrana habla también del “Proceso de descentralización”, al igual que Uribe (2002-2010), Santos (2010-2018) e I. Duque (2018-2022) en sus planes, todos dentro del marco de la Constitución de 1991 que definió al Estado colombiano como una república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entes territoriales, democrática, participativa y pluralista.

G. Petro en su discurso de posesión (VIII/2022) afirmó: “Colombia no es solo Bogotá. El gobierno del Cambio será descentralizado. Les prometo que vamos a estar y trabajar en todo el país, desde Leticia a Puerto Gallinas, desde Cabo Manglares hasta Punta Gallinas.” Irónicamente, en ningún gobierno las regiones y sus mandatarios fueron tan maltratadas, incluida Bogotá, cuya administración fue acosada en temas como el Metro, su expansión y protección ambiental.

Por eso es tan importante la idea de Abelardo de la Espriella de convocar a las regiones para hacer llave de nuevo, pero las definiciones van mucho más allá, pero mucho más allá, con un esfuerzo serio de colaboración, solidaridad e integración.

TEMAS


Gobierno Nacional - Gustavo Petro - Congreso