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Ejemplos de una gerencia privada

Silverio Gómez Carmona

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No necesariamente en la primera semana de gobierno, pero Colombia ha enfrentado “atropellos” de la naturaleza, aunque la caracterización en cada caso es distinta por las circunstancias específicas de tiempo y lugar, aunque hoy el avance de la tecnología y la información cambió radicalmente la logística frente a los casos de Armero y Armenia. La pandemia del Covid ya disfrutó del modernismo.

Hay que decirlo claro. La reconstrucción en ambos casos fue hecha con recursos públicos, igual que durante la pandemia. En Armenia se fijó una carga temporal a las transacciones financieras y para Armero sino por el contrario hubo estímulos tributarios para nuevas empresas instaladas en la zona. En la pandemia hubo una combinación de tributos temporales y necesario endeudamiento externo. Los gobiernos asumen la tarea de recuperación y la ayuda internacional tiene alguna valía al principio al igual que los aportes particulares.
Aportados gradualmente los recursos por el Estado, la diferencia importante en los tres casos tiene que ver con dirección de los trabajos.

Tanto en Armenia como Armero se montaron esquemas con término fijo, Forec y Resurgir, pero con algo muy importante, gerentes privados de primer nivel: Luis C. Villegas y Pedro Gómez. La pandemia tuvo a la cabeza al presidente Duque y en la operación al Minsalud Fernando Ruiz y una gran coordinación con los gobernadores y alcaldes. Grandes aciertos.

El lamentable terremoto del pasado 10 de agosto reta de nuevo la capacidad del estado para enfrentarlo, incluyendo una dosis de improvisación natural porque su verdadero impacto solo se tiempo después, incluso más allá del período presidencial. Es irresponsable todavía hacer una cuantificación de los recursos sino los vinculados a la afectación social de familias y comunidades locales.

Es oportunista reclamarle prematuramente al gobierno acciones concretas para enfrentar la adversidad, más allá de comprobar su disposición y voluntad de acertar como efectivamente lo han hecho el mandatario y su equipo, dadas las limitaciones por la inesperada ocurrencia. Ya se ha anunciado el montaje de un esquema para coordinar el plan, aunque no se ha definido el nombre de un gran gerente que debe ser de dedicación exclusiva.

Pero hay dos puntos que merece destacarse. Primero la recuperación de la confianza y buenas maneras entre el gobierno nacional y los mandatarios regionales, condición clave para que los ciudadanos tengan fe y la solidaridad complementaria a la ocurrencia de una tragedia, clave para enlazar esfuerzos. La segunda es el pragmatismo y realismo por parte del equipo oficial encargados, en particular del Minhacienda Gómez Martínez, quien ha sido muy prudente pero claro: habrá redistribución de recursos en la versión nueva del presupuesto nacional 2027 y el descarte de mayores impuestos, al menos al comienzo, lo cual da tranquilidad a los agentes económicos y sociales.

No hay que tenerlo miedo a un aumento justificado y transparente de 1 a 1,5% en el déficit fiscal para enfrentar el desastre natural. Hay ejemplos en el mundo en este sentido como lo que implicó la unión de las Alemanias en octubre de 1990, una cifra equivalente al 8% del PIB. El déficit es muchas veces un instrumento de política económica. Los resultados en términos sociales no se ven en el corto plazo, pero luego la evidencia luego es contundente.

Bien ministro por no caer en la ruta de quienes pregonan falsamente “La construcción social de la realidad”.

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