El desperdicio de MinAgricultura
sábado, 23 de mayo de 2026
Silverio Gómez Carmona
¿De dónde obtiene las cifras la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, para hablar de la supuesta fortaleza del sector agropecuario en el primer trimestre de este año, cuando las cifras del Dane dicen lo contrario? ¿Desconocimiento, narrativa política o manipulación?
Según el Dane, el crecimiento de la economía fue de 2,1% en los primeros tres meses, en tanto que el sector agropecuario cayó -1,4%, con bajas muy importantes en la producción de café (-30,5%) y en pesca y acuicultura (-19,5%). Solo se observa un aumento significativo en floricultura (7,2%) y en palma (1,2%), que, por fortuna, dependen desde hace mucho tiempo de lo que pasa en el mercado externo.
Lo demás no es para mostrar: arroz cae -17,5%, cacao -22,8% y cítricos -4,5%. La leche cruda y los huevos aumentan, pero todo indica que es un comportamiento muy coyuntural, pues hay queja generalizada entre ganaderos por la caída en los precios. En el caso del ganado bovino, el aumento es de apenas 0,3%, y el Gobierno anuncia con bombos la suspensión de exportaciones de carne para controlar la inflación, cuando lo que se debería hacer para aumentar la oferta es autorizar importaciones.
Pero la imprecisión de lo dicho por la ministra, sin controversia, impresiona aún más. No es un secreto que la participación del PIB agropecuario no supera 7% del total nacional. Con la caída en el primer trimestre es imposible afirmar que el sector representa 11% del total. La realidad es que muy poco puede mostrar la funcionaria en sus dos años al frente de una cartera tan importante, en la que ha borrado la concepción de lo que debe ser el agro en términos de productividad, competitividad, modernización, tecnología, agroindustrialización, comercialización eficiente, infraestructura y seguridad, que, aunque no todo es de su resorte, sí impacta de manera significativa.
La verdad es que café, flores, banano, palma y azúcar representan cerca de 80% del PIB del campo, cultivos que integran la cadena agroindustria y poco o nada tienen que ver con la cartera, pues se mueven básicamente en el comercio internacional, como lo comprueban las cifras de exportaciones. La narrativa oficial sobre la reforma agraria, principal apuesta, parece ser solo eso.
“El Gobierno de Gustavo Petro prometió tres millones de hectáreas para los campesinos. Lo usó como bandera, como discurso y como propaganda. Pero al final, la gran ‘reforma agraria’ quedó reducida a la entrega de 290.000 hectáreas y la mayoría sin un título válido, sin registro, sin valor. Eso no es incumplir: eso es engañar”, lo ha denunciado uno de los expertos más calificados del sector, Indalecio Dangond, y eso no ha sido desvirtuado por la ministra. En cuanto al impulso a la agricultura campesina, familiar, étnica y comunitaria, otro punto que el Gobierno defiende, basta con mirar las cifras de crédito del Banco Agrario y de Finagro para dudar de su efectividad.
De más de 310.000 agricultores y ganaderos, solo 10% accede al crédito y más de 75% de los recursos va a los grandes, cuando los pequeños representan 70% de los propietarios. Es solo una tarima más con pura narrativa. A la ministra parece no importarle el desorden que generó el Plan Nacional de Desarrollo con los avalúos y prediales, cuyo golpe lo reciben precisamente esos pequeños que se dice defender.
Tampoco hay mayor acción frente al impacto que se espera del fenómeno de El Niño, que ya arranca y que deberá atenderse una vez estén fuera Petro y Carvajalino. Y se asume que la brutal violencia y la inseguridad en el territorio son temas de otros. Tristemente, la ministra Carvajalino se contaminó de la cátedra de politización guiada desde la Casa de Nariño, que pregona la legendaria lucha de clases e impulsa a los violentos que tanto daño y dolor han causado, en particular a los agricultores colombianos, que lo único que no pierden es la esperanza.