Analistas

Gracias Petro por el empujón a la derecha

Silverio Gómez Carmona

Los colombianos somos guerreros, es una máxima que no tiene discusión, que se fundamenta en que, dadas las dificultades estructurales, la mayoría lucha por progresar, que, en una palabra, puesta de moda por Iván Duque, resiliencia, no es más que “hacer de la crisis una oportunidad”.

Y esa lucha no ha sido fácil. Colombia está lejos de ser un país rico, petrolero y minero grande, sino que produce petróleo, oro y carbón, pero nada que ver con la magnitud de China, Venezuela, Perú, Chile o Australia. No es cierto que tenemos ventajas comparativas para la agricultura por la topografía, como Brasil y Argentina, y nuestros centros industriales están lejos de los puertos de exportación, lo cual hace perder competitividad externa. Las exportaciones per cápita son de las más bajas del mundo. Solo café, flores, banano y palma tienen cifras para mostrar.

Hace décadas, la vida era otra. Sencillamente, la sociedad criolla se dividía en dos grupos: rojos liberales y azules conservadores, con lo bueno y lo malo. Unos principios religiosos y de comportamiento más formales que reales. Se peleaban irracionalmente por el color y punto. La prensa liberal se opuso en los años veinte del siglo pasado al nombramiento de don Esteban Jaramillo, gran economista y hacendista, por el simple hecho de ser conservador. A muchos hombres importantes el único reconocimiento que se les hacía era por ser liberales o conservadores: Carlos Lleras Restrepo, Mariano Ospina Pérez, Álvaro Gómez Hurtado y Alfonso López Pumarejo, entre otros.

Para acabar la violencia que hacía mucho daño, rojos y azules montaron un modelo de alternación en el gobierno (1958-1974), llamado Frente Nacional: Alberto Lleras, Guillermo Valencia, Carlos Lleras y Misael Pastrana fueron los mandatarios, dos de cada partido. El Partido Comunista nació en Colombia en 1930 como un brazo de la Internacional Comunista, pero siempre fue insignificante y en 1964 creó su brazo armado, las Farc-EP, cuando se creía que se podía llegar al poder con la violencia, como pasó en Cuba. Hubo una central obrera conservadora, la UTC; una liberal, la CTC; y una comunista.

Los colombianos no han dejado de luchar por su bienestar y progreso, pero la gente que se dice de izquierda y que ha ganado espacio culpa a sus contrincantes de los problemas y ellos mismos se presentan como las víctimas de un supuesto modelo neoliberal, corrupto e injusto. Solo se necesitaba un gobierno para demostrar si su perorata era viable. Y la frustración en el gobierno de Petro ha sido brutal.

Gracias, Gustavo Petro, por haber reivindicado la derecha y hacer que muchísimos colombianos se sientan orgullosos de serlo y no tengan pena en decirlo solo porque quieren mejorar sus condiciones de vida. El bienestar es un concepto de toda la sociedad, no es de izquierda o de derecha. Por eso, el centro no existe.

Los colombianos sabemos que tenemos que trabajar para salir adelante, con esfuerzo, estudio, ingenio y emprendimiento. Queremos que se premie el talento, la meritocracia y el buen desempeño y que el estado apoye a todos, pero en particular a los pobres y más necesitados. Queremos que se sancione a quienes infrinjan las leyes y atenten contra los derechos de los demás. Si eso es de derecha, a pocos importa. Petro y Francia, Cepeda y Aida, y los neo-oportunistas como Benedetti, Roy y Montealegre creen que no es así. Por eso quedaron en la lona este 31 de mayo. Llámese como quieran, la mayoría de los colombianos lo dejó muy claro: quieren seguridad total, que los servicios públicos no los maneje solo el estado, que no se manipule la redistribución de la propiedad rural, que el Banco de la República sea independiente y que Ecopetrol vuelva a ser como fue antes de Petro.

Bono.

Dios quiera que José Manuel Restrepo tenga un gran protagonismo en el próximo gobierno, si gana Abelardo de la Espriella, más allá de lo que dice la Constitución sobre las funciones del vicepresidente.

TEMAS


Abelardo de la Espriella - Iván Cepeda