Analistas 09/06/2020

Desnutrición en el desperdicio de alimentos

Simón Gaviria Muñoz
Exdirector de Planeación Nacional

Solo en abril se perdió 25% del empleo. El observatorio de Los Andes prevé un incremento de 15% en la pobreza este año, borrando así los avances sociales de este siglo. Pero más grave que la pobreza es la pobreza extrema que se calcula a partir del costo de una canasta de 2.000 calorías de alimentos. En Colombia, una familia de cuatro se considera en pobreza extrema si tiene ingresos menores a $470.000. Como el único gasto no es comida, cuando hay pobreza extrema, hay desnutrición. Un estudio de Sánchez y Chaparro proyecta que solo en las 13 principales ciudades, la pobreza extrema pasaría de 4,5% a 16,7%, casi 2,5 millones de pobres extremos sin pensar en ciudades intermedias o el campo.

Ya la encuesta ENSIN, que mide la nutrición, alertó que 54% de los colombianos no tienen certeza de poder comer tres veces al día, y aunque solo la producción agrícola alcanzaría para darle 6,7 platos de comida diaria a cada colombiano, 560.000 niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica. Un estudio sobre desnutrición infantil de la Universidad Federal de Pelotas en Brasil, muestra que los niños con desnutrición crónica tienen 12 puntos menos de IQ y 54% menores ingresos en la vida. Incrementos en desnutrición y la reducción de vacunación van a llevar a un deterioro sin antecedentes en la salud de la primera infancia.

Lo anterior ocurre mientras Colombia desperdicia 34% de su producción de alimentos. Es increíble que no existan multas por desperdiciar en cantidades industriales. Son 9,7 millones de toneladas de comida, no unos platos de sancocho. Mientras en cereales las pérdidas son de 8%, en frutas y verduras alcanzan 58%. Como mínimo, podríamos atar la entrega de subsidios agropecuarios a buenas prácticas en reducir este desperdicio: aunque hay un nivel de pérdida estructural por la mala calidad de las vías terciarias, se puede avanzar mejorando el cubicaje en carga, reduciendo el uso empaque de fique, e invirtiendo en cadena de frío y plantas de secado.

Los 19 bancos de alimentos logran recuperar tan solo el 0,25% del desperdicio, con lo cual se alimentan 651.000 personas al día, pero ahora, con covid-19 y una naciente conciencia de donaciones, alimentan 1.550.000 personas. Infortunadamente, las limitaciones de logística no permiten hacer más. Las inversiones en camiones y bodegas para recibir 10% de la comida desperdiciada son de más de $340.000 millones. Mientras se avanza en eso, extender el beneficio actual de deducir el 125% del impuesto de renta cualquiera que done logística transporte o bodegaje para la reducción de desperdicios. El costo podría ser entre $9.000-$10.000 millones, para duplicar lo de hoy. Muchas veces, aunque el agricultor quiere donar el exceso de producción, nadie está dispuesto a recogerla. Ya en abril, las centrales de abastos recibieron 10% menos de carga.

Sería bueno reglamentar la vida útil de productos y mejorar la exención de responsabilidades del donante para lograr más. Aunque estos temas no son solo del gobierno o los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el cambio empieza en casa donde ocurre 15% del desperdicio. Los invito a conocer Eat-Cloud, una app que conecta donantes y ONGs, y que ha servido más de 400.000 platos de comida. Como estamos no podemos seguir.

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