Análisis

El error de querer saltarse los procesos

Tatiana Arango M.

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Esta es una verdad a voces: muchos estudiantes van a una clase de yoga para pararse de cabeza. Lo que quieren es lograr una postura retadora para mostrar que pueden hacerla. Y no está mal. En mi caso, ciertas posturas invertidas me producen pánico. Se me acelera el corazón, empiezo a hiperventilarme y sudo como si estuviera corriendo. Y la peor relación con estas posturas la tengo con sirsasana, parada de cabeza o también conocida como la reina de las asanas.

En sirsasana, se ponen los antebrazos en el suelo formando un trípode con la coronilla y se empuja el tapete, ese es el sostén de la postura. Las caderas deben quedar encima de los hombros y las piernas se llevan al cielo. ¿Qué me pasa a mí? Desde que pongo antebrazos en el suelo ya siento que las manos están sudando. Cuando hago fuerza con la coronilla para sostenerme me duele el cuello. Siento que las caderas nunca están en la misma línea que mis hombros. Entonces cuando intento llevar las piernas al cielo pierdo el equilibrio. Ya me han dicho: “eso es solo miedo, Tatiana”. Lo sé. Pero he visto a tantas personas lesionadas en esta postura, que prefiero ir con cautela.

Y esto me lleva a la frase del inicio de esta columna: ¿por qué tenemos tanta prisa por conseguir aquello para lo que todavía no estamos preparados? Cuando vemos a alguien haciendo una postura espectacular en redes, observamos el resultado, pero desconocemos el proceso. No vemos las horas de práctica, las caídas, las modificaciones, las dificultades ni los días en que aparentemente no hubo avances, incluso en los que solo sudó de miedo.

Y eso ocurre en muchos otros escenarios. Vemos al empresario exitoso, pero no los años de incertidumbre. Celebramos a quien consigue un ascenso, pero desconocemos las decisiones y aprendizajes que lo hicieron posible. Solemos celebrar los resultados y pasar por alto los procesos.

En yoga, intentar una postura para la que todavía no contamos con la preparación necesaria puede generar compensaciones, frustración o lesiones. En los negocios también sucede algo parecido. Una empresa puede querer expandirse antes de consolidar su operación. Puede buscar nuevos mercados sin haber fortalecido sus procesos internos o contratar rápidamente sin construir una cultura organizacional. El crecimiento llega, pero la estructura no siempre está preparada para sostenerlo.

En yoga pasa igual: no todo lo que podemos alcanzar estamos preparados para sostenerlo. No sabemos por cuánto tiempo se mantuvo esa postura cuya foto vimos en redes sociales.

El problema es que muchas veces no queremos saltarnos los procesos porque seamos perezosos, sino porque sentimos que vamos tarde. Vemos que alguien de nuestra edad ya compró una casa, consiguió determinado cargo, creó una empresa o formó una familia. Y entonces intentamos acelerar nuestro propio camino. En yoga ocurre cuando miramos el tapete de al lado y queremos hacer la misma postura que alguien que, a diferencia nuestra, lleva años practicando.

Pero hay una realidad incómoda: no todos llegamos a la misma práctica con las mismas capacidades ni recorremos los mismos procesos. Solemos pensar que el proceso es aquello que debemos superar para alcanzar una meta. Pero ¿qué ocurre si el proceso es precisamente lo que nos transforma en personas capaces de alcanzar esa meta? La postura final no es el único aprendizaje del yoga. Durante la preparación desarrollamos equilibrio, fuerza, movilidad, atención y conocimiento de nuestros límites.

De manera similar, construir una empresa no consiste únicamente en alcanzar determinado nivel de ingresos. Durante el camino se desarrollan capacidades para tomar decisiones, manejar riesgos, liderar equipos y responder ante la incertidumbre.

No solo construimos resultados durante los procesos. Los procesos también nos construyen a nosotros. Hay días en los que una postura avanzada no sale. Y eso no significa que la clase haya sido un fracaso. Quizá mejoraste tu equilibrio, comprendiste un movimiento o reconociste un límite que antes ignorabas. El aprendizaje no siempre coincide con el resultado que esperábamos. ¿Cuántas veces hemos considerado un fracaso algo que en realidad era una etapa de aprendizaje?

Volvamos a las posturas invertidas. Sirsasana todavía no me sale. Pero sigo intentando entender qué me está enseñando el proceso. Porque a veces estamos tan concentrados en llegar a la postura final que olvidamos que cada movimiento previo nos está enseñando a sostenerla. Saltarse ese proceso puede llevarnos más rápido a la meta, pero no necesariamente nos prepara para permanecer allí.

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