Empecemos de una vez con este ejercicio. Inhale por la nariz mientras cuenta hasta seis sintiendo que el aire entra, pasa por sus clavículas, sigue a su pecho, llena el estómago y llega hasta la punta de abajo de sus pulmones. Y ahora exhale sintiendo que el aire sale recorriendo el camino en sentido inverso, en seis tiempos. ¿Qué siente cuando inhala y exhala más largo? Yo siento calma. ¿Sintió algún cambio? Lo que acaba de experimentar es el poder de una respiración más larga.
Ya lo hemos dicho en esta columna. El estrés nos pone en modo supervivencia. Esta es una habilidad que era muy útil cuando éramos cazadores, y lo sigue siendo cuando sentimos peligro y necesitamos huir. Nuestra respiración se hace más corta porque necesitamos activar nuestras mentes y cuerpos para salir corriendo. El problema es que muchos de nosotros hemos vivido tanto estrés, que nuestra respiración normal es tan corta que hemos olvidado usar toda nuestra capacidad pulmonar. Sí, leyó bien.
Hace unos años, en una terapia, mi osteópata me pidió llenar por completo mis pulmones al inhalar. No fui capaz. El aire llegaba, por mucho, a mis clavículas. Yo solo sentía que me ahogaba. Se me había olvidado respirar profundamente. Tuve que hacer muchos ejercicios para ser capaz de llenar mis pulmones nuevamente.
Y yoga nos recuerda eso. Por algo existe un tipo de respiración llamado yogui breath. Es el ejercicio que hicimos al inicio de esta columna. La idea es que cada postura en la práctica se sincronice con la respiración. Es decir, su transición entre postura y postura debe estar acompañada de una inhalación llevando el aire de las clavículas hasta la punta de abajo de sus pulmones, para luego exhalar llevando el aire por el mismo camino en sentido inverso. La respiración larga nos permite fluir entre muchos movimientos del cuerpo mientras nos mantiene anclados al presente.
Tal vez eso mismo es lo que logra fuera del tapete. Estamos intentando acortar todo en nuestras vidas: los trayectos, las reuniones, los mensajes, los videos, las respuestas, los procesos. Queremos llegar más rápido, producir más rápido, decidir más rápido, y terminamos respirando de la misma manera en la que vivimos: corto y rápido. ¿Será que nuestra respiración terminó pareciéndose demasiado a nuestra vida, o la vida a nuestra respiración en modo supervivencia?
Sin importar cuál sea la respuesta a esa pregunta, es claro lo que una respiración larga nos brinda: tiempo entre lo que ocurre en una situación y nuestra reacción frente a ello. O, en otras palabras, nos da presencia, nos ancla al presente. Por eso, la próxima vez que todo parezca exigirle una respuesta inmediata, quizá antes de responder pueda regalarse una respiración completa. Esto nos lleva a una reflexión bastante poderosa: a veces no necesitamos más tiempo, sino aprender a respirar más despacio dentro del tiempo que tenemos.