Analistas

Creer en los que crean

Ugo Posada

Los humanos somos seres sociales, prosperamos en comunidad y nos extinguimos en soledad. Imagino a homo sapiens primigenios enfrentados a bestias descomunales durante la era del hielo. Nuestros antecesores pudieron vencer a tigres dientes de sable y a mamuts a través de ingenio, tecnología y cooperación, y no gracias a la fuerza bruta.

La fragmentación que impera en las campañas políticas de hoy es útil para ganar votos. La polarización, facilitada por las redes sociales que microsegmentan a la sociedad con algoritmos sofisticados que exacerban el miedo y el rechazo al otro, ayuda a conseguir escaños, pero, ante el ataque de un bisonte estepario o un rinoceronte lanudo, un video de TikTok o un discurso incendiario resultaría menos efectivo que una comunidad armada de empatía, valor y sentido de pertenencia.

Para que Colombia progrese, es fundamental la alineación de toda la sociedad, que haya un sueño colectivo que nos inspire. Es imperante que el sector público, el sector privado y la academia aspiren a un país mejor: que crezca económicamente, que eduque, que cuide, que sane, que sea justo y que dé oportunidades a todos los colombianos, independientemente de la suerte que les haya tocado al nacer, de si son de campo o de la ciudad, del Caribe o de los Andes, conservadores o liberales. Un proyecto común tiene una sola bandera, y es amarilla, azul y roja.

Considero que el gobierno debe ver al empresariado como su aliado. Como un coequipero en la creación de valor económico, como un socio que puede y quiere ofrecer trabajo digno a los colombianos, que le interesa que haya bienestar en las zonas donde opera, y que trata con justicia a todos los involucrados en la cadena de valor en la que participa. Una empresa no es exitosa en un ecosistema fallido, necesita que la comunidad donde exista prospere; mientras más riqueza haya, mayor la capacidad de consumo de sus habitantes.

El sector privado no debe abordar su conversación con el Estado desde una posición de antagonista. Debemos buscar espacios de diálogo, donde los intereses comunes permitan desarrollar políticas públicas que beneficien a la sociedad. Debemos desescalar nuestro lenguaje aislacionista, porque yo, al ver el tarjetón para consultas, Senado y Cámara, tengo que usar las dos manos para señalar candidatos buenos: competentes, comprometidos y compasivos, que buscan construir, cooperar y cambiar. No hay escasez de colombianos buenos que quieren servir al país, y esos ciudadanos quieren hacerlo de la mano de los empresarios, no en contra del sector privado.

La academia es un actor fundamental en un proyecto de país. Desde la cuna hasta la cripta hay un espacio para que los colombianos nos eduquemos, y no solo en habilidades productivas que se traducen en valor económico, también en cultura y artes, porque una sociedad en que hay espacio para la expresión de todos y donde hay tiempo para el ocio y la contemplación de sus habitantes, es una en la cual la gente prefiere vivir, donde las ideas fluyen con mayor facilidad, las manos operan con mejor destreza y el corazón palpita con más alegría.

Este fin de semana, anhelo que votemos con valor y esperanza, creyendo en los colombianos que construyen con su voz y sus actos, que dan la mano y miran a los ojos con honestidad y compromiso, que han estudiado, tienen planes y quieren trabajar sacrificadamente para que en Colombia nos queramos quedar. No hay escasez de talento, hay suficientes buenos candidatos en el tarjetón para que al marcarlo sonríamos, para que sintamos que nuestro voto está alineado con nuestros principios y anhelos.

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