Analistas 18/03/2026

Proyectos sobre personas

Ugo Posada
Inversionista y mentor Endeavor

Mi mamá me enseñó un principio para tener mejores conversaciones: es mejor hablar de ideas que de gente, es preferible hablar de propuestas que de personas. Es un modelo que trato de aplicar en la vida, pero que, para no pararme hipócritamente en un pedestal intelectual y para mantener la sinceridad, confieso que no siempre cumplo. A veces es más fácil caer en la crítica y el chisme que construir un diálogo alrededor de conceptos y propuestas. Pasa en la vida, pasa en la política.

Un mensaje reciente de un candidato a la vicepresidencia, sobre cómo para ganar el voto popular hay que dejar de criticar a las personas y poner a los ciudadanos a soñar en un proyecto común, alimentó mi esperanza de que Colombia puede transitar el puente que parte de la polarización extrema y del amor u odio hacia patriarcas partidistas, hacia un futuro en que cabemos todos los colombianos, independientemente de nuestras creencias políticas o económicas, de nuestra orientación sexual o preferencia religiosa.

El cinismo, la división y la controversia venden, alimentan nuestros tuits y atraen nuestras pupilas, pero no construyen. Hoy más que nunca, es urgente proteger una conversación alrededor de la Colombia que queremos y cómo la vamos a edificar en conjunto, y evitar caer en la tentación de señalar las falencias personales de los candidatos que se postulan a la Presidencia y de los personajes con quienes los asociamos, así hayan nacido en Medellín o en Ciénaga de Oro.

Ir contracorriente, aunque no está de moda, es crucial. En un mundo en que la tendencia es la radicalización, donde es fértil la creencia de que la verdad se encuentra en los extremos, es refrescante ver opciones en las cuales se conjugan maneras diferentes de pensar y donde la coincidencia está en la búsqueda de un país mejor para todos. La realidad de Colombia no es binaria, no se resuelve en las esquinas, se entiende en el terreno y se teje en el consenso.

Hagámosle caso a mi madre, hablemos de lo bueno que hacemos, lo bueno que tenemos y lo bueno que podemos ser, y no nos desgastemos en hablar mal de los que no queremos, porque merecemos votar con optimismo y no con odio, porque para crecer lo haremos dándonos la mano y no volteando la mirada, abriendo los ojos para ver realidades ajenas, que convertiremos en posibilidades conjuntas trabajando con determinación y esperanza.

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