Analistas 25/06/2020

Concretando sueños

Willy V. Mayenberger
Socio Director de Top Management

Por estos días se cumplen tres meses de cuarentena en Colombia. La realidad hoy es distinta y lo más probable es que de aquí en adelante los cambios sean constantes e inesperados. Es indispensable que las organizaciones, los directivos y los empresarios nos adaptemos con apertura y entusiasmo para descubrir los caminos hacia nuevos modelos de crecimiento y sostenibilidad. Será necesario articular dos cualidades fundamentales para la supervivencia en esta nueva normalidad: imaginación y persistencia.

El cambio que como sociedad debemos afrontar es tan significativo que el profesor Robert Marks planteó en su obra, Los orígenes del mundo moderno, una interesante conclusión acerca de lo que somos (o éramos) como civilización: las interacciones entre las diferentes sociedades han sido más efectivas en la consolidación del mundo actual que los logros culturales propios.

Analicemos por un momento el nivel de imaginación necesario para reformular el concepto de interacción, base de la definición de la sociedad actual y el cual ya no resulta funcional de la manera como lo concebíamos hace apenas cuatro meses.

Esta coyuntura ha obligado a los ejecutivos a replantear los modelos de trabajo que se creían convencionales y ha otorgado ciertas licencias y tiempo para explorar ámbitos que estaban postergados o que parecían irrelevantes. Este es el momento propicio para estimular la imaginación.

El arte puede llegar a ser una fuente de inspiración para el nacimiento de nuevas ideas o para el avance de aquellas que estaban atascadas. Si se observa con detenimiento, este era un asunto primordial pero olvidado y, como dijo Goethe: “las cosas más importantes no deberían nunca estar subordinadas a cosas menos importantes”.

Y aunque la imaginación y los sueños conduzcan a la creatividad y esta a la innovación, no es suficiente. Si queremos de verdad concretar estos sueños, se requiere de persistencia y disciplina. Incluso la planeación, que con seguridad ha sido una aliada esencial en la labor directiva y empresarial, se queda corta porque hay circunstancias o factores que pueden llegar a cambiar la realidad, ¡tal como lo estamos viviendo!

Las acciones de la alta dirección redundan y se reflejan en el resto de la organización. Por eso, además de procurar para la vida propia un ambiente de imaginación y persistencia es necesario fomentar estas cualidades en todo el equipo.

Varias experiencias empresariales demuestran que este tipo de estímulos traen consigo grandes beneficios y gratas sorpresas porque surgen ideas que aportan de manera significativa al crecimiento de la empresa y generan una satisfacción invaluable en la gente; todos ganan. Como escribe el profesor Oren Harari “la ausencia de errores inteligentes significa que la gente no está experimentando con nuevas ideas y mucho menos que estén aprendiendo de ellas”.

Es necesario afrontar con valentía los miedos y temores que, con la incertidumbre de la actualidad, se acentúan. La labor primordial del ejecutivo sobresaliente consistirá en ejercitar la curiosidad, la imaginación y las habilidades, propias y de su equipo para propiciar un renacer del pensamiento estratégico enfocado en una “nueva innovación”, aunque el concepto suene redundante.

Una visión optimista será fundamental en el engranaje fructífero entre imaginación y persistencia. El optimismo no consiste en distorsionar la realidad para que todo parezca mejor sino en trabajar con alegría y entusiasmo, conociendo a plenitud las dificultades para tratar de superarlas con creatividad y perseverancia. En últimas, ese será el legado en el mediano y largo plazo; por el que la sociedad nos recordará o nos olvidará.

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