Analistas 17/04/2026

Arte

Yamid Amat Serna
Creador conceptual

En medio de un mundo enrarecido, con destinos empañados, plagado de incertidumbres y donde sus líderes parecen ser más gestores de miedo, ansiedad, angustia e inestabilidad que otra cosa, aparecen señales que exploran escapes, refugios o resistencia.

El arte es uno de ellos. El mercado global del arte volvió a crecer después de dos años de caída y, en 2025, alcanzó cerca de US$59.600 millones, un repunte de 4%.

Las subastas públicas, por ejemplo, crecieron 9%. Las ventas de galerías y dealers subieron 2%, alcanzando US$34.800 millones, según el Global Art Market Report 2026 de Art Basel y UBS.

Tres territorios dominan hoy el mercado: EE.UU. (44%), Reino Unido (18%) y China (14%); en ellos se concentra 76% de las ventas mundiales.

La representación de artistas mujeres alcanzó 50% en galerías de primer mercado y 45% entre los dealers.

Las ventas en ferias de arte crecieron 4%, alcanzando así 35% de la facturación total.

Las obras de alto valor volvieron a dispararse. Un retrato de Gustav Klimt superó los US$230 millones.

Estos datos, entre otros, advierten un optimismo renovado para el presente y el futuro de la industria. A pesar de la realidad confusa de la geopolítica actual, el mercado del arte parece encontrar una forma de adaptación y proyección, demostrando que, incluso en las horas grises u oscuras, sigue siendo posible resguardarlo.

Asimismo, esta semana se celebró el Día Mundial del Arte, una iniciativa que nace de la International Association of Art (IAA), una organización asociada a la Unesco. La propuesta fue aprobada en su 17.ª Asamblea General en Guadalajara, y a partir de allí se estableció celebrar esta fecha cada 15 de abril. La primera celebración se llevó a cabo en 2012, pero la Unesco la proclamó oficialmente en 2019.

Se escogió el 15 de abril por ser la fecha de nacimiento de Leonardo da Vinci, tomado como símbolo de creatividad, libertad de expresión, diálogo entre disciplinas y espíritu humanista. La intención era que el arte tuviera un día propio para recordar su papel en la cultura, la educación, la paz y la sociedad.

Ahora bien, Da Vinci representaba la idea del arte sin fragmentación del mundo, pues no lo concebía como una categoría; para él, era más una forma de habitar la realidad.

Hoy, su interpretación es compuesta, pues claramente es activo, es inversión y es símbolo, y abre las puertas a otras escenas que quizá siempre debieron estar integradas.

En paralelo al crecimiento económico citado, también crece otra industria: la del arte como terapia. Según un informe de The Business Research Company, solo la terapia basada en artes visuales alcanzó US$1,95 billones en 2025. Y esto corresponde solo a un segmento que incluye terapias con pintura, dibujo, escultura, programas clínicos y comunitarios, formación profesional en arteterapia y servicios terapéuticos estructurados, relacionados todos con sistemas de salud y bienestar.

El impacto tangible es muy considerable y el intangible, incalculable, pues en todo lo que escapa a la medición hay un detonante de gran valor: el arte regula, el arte ordena, el arte permite catarsis y sanación.

Físicamente, estudios comprueban que puede reducir el cortisol y activar simultáneamente sistemas inmunológicos, hormonales y neuronales.

El arte emociona. Su alcance real no es cuánto vale, es cuánto logra.

Las cifras exponen que el mundo ha aprendido a comprarlo y consumirlo.

La pregunta es si, como pensaba Da Vinci, ha aprendido a habitarlo.

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Arte - Museo de Arte Moderno de Bogotá