A repensar la integración con el país de Hugo Chávez

Empresarios, gobiernos y analistas tratan de explicar lo sucedido con la integración y los negocios entre Colombia y Venezuela; pues desde la dimisión del vecino país a la CAN en 2006 y de los incidentes diplomáticos, el comercio de bienes se redujo de US $8.000 millones en 2008 a menos de US $2.000 millones en 2011.

No cabe duda que la caída de preferencias arancelarías y el cierre de la frontera disminuyeron hasta las inversiones de Colombia en Venezuela haciendo negativa esta variable desde 2007. En esta oportunidad a los hacedores del comercio colombo-venezolano les presentamos algunas proyecciones comerciales y de política bilateral para despertar el interés en la integración y si antes de continuar especulando con la agitada agenda política. Proponemos, visionariamente como ocurrió en 1991 una agenda económica común, incluso para atender conjuntamente los nuevos mercados como podría ser el caso de la aceptación definitiva de Venezuela en Mercosur, y por supuesto de la entrada en vigencia del TLC de Colombia.Debe instrumentalizarse el nuevo acuerdo comercial firmado en 2011 por los presidentes Chávez y Santos, ya que al amparo de los acuerdos de Aladi (1980) se puede no solo rescatar la alta complementación económica existente por ventajas comparativas entre los dos países.Venezuela una vecindad minera altamente competitiva y Colombia que es manufacturera de proyección internacional; sino que más importante se podría devolverles a las relaciones comerciales las preferencias arancelarías pérdidas, sobre todo para los bienes con alto potencial exportador a terceros mercados. Los empresarios colombianos por ejemplo no pueden olvidar que, el TLC con los Estados Unidos, en compensación por las altas asimetrías, permite a Colombia mantener las preferencias de nación más favorecida a Venezuela.Las proyecciones naturales indican que los dos países podrían recobrar el dinamismo comercial; No hay que olvidar que Venezuela amparado por la bonanza de precios internacionales del petróleo; proyecta un nivel de compras del exterior; visto por sus reservas internacionales e importaciones superior a los US $100.000 millones anuales entre 2012-201.Si Colombia logra imaginativamente proponerse recuperar la participación tradicional en ese mercado que, alcanzó en algunos períodos de tiempo el 15%, es factible que las exportaciones de nuestro país a Venezuela lleguen a los US $15.000 millones en el mediano plazo; Colombia no solo proyecta una economía más estable, sino que también producto del desarrollo del sector minero, estima inversiones y compras del exterior por US $50.000 millones anuales en el mismo periodo de tiempo; en un escenario de recuperación de las exportaciones venezolanas, es factible también que el comercio entre los dos países supere los US $20.000 millones en 2015.Para hacer realidad en el futuro las proyecciones y cifras de los dos mercados; es necesario, entre otro una agenda comercial conjunta que explote y transforme las ventajas comparativas en competitivas; es claro que Venezuela no solo sigue siendo una economía con una alta dotación de recursos naturales: petróleo, gas, hierro; sino que sus industrias en los últimos 10 años se han vuelto más competitivas; en el caso del petróleo habría que pensar en la refinación y los crudos sintéticos que se elaboran desde ese país y que podría ser materias primas para el desarrollo de la industria manufacturera (plástico) colombiana.Otra de las cadenas a fomentar es sin duda la de la industria liviana, donde la alta productividad de Colombia en la producción de confecciones y textiles se complementa con el desarrollo y calidad de las pasarelas y las casas de modelos venezolanas.Esta última cadena logró, por ejemplo, hace algunos años altas inversiones en el intercambio de servicios e inversiones a lado y lado de la frontera en los sectores de radio y televisión. Es claro que el desarrollo de la industria de la telenovela se benefició de los tratados bilaterales hasta ser uno de los indicadores que permitió relajar y congelar la agenda política de los años ochenta y noventa.Luis Nelson Beltrán MoraInvestigador de la Universidad de la Salle