Aprenda a preparar abono a partir de los desechos

Los desechos que muchas veces se constituyen en un encarte para los finqueros y agricultores y terminan convirtiéndose en factores contaminantes del ambiente, son un verdadero potencial para abonos. Aunque mucho se ha dicho sobre el tema y literatura sobra, no muchos aprovechan estos insumos en sus fincas.

¿Cómo hacerlo?. Agronegocios consultó a la directora de la planta de Bioprocesos de la Universidad de Caldas, Sandra Montoya, quien explicó cómo sacarle utilidad a los desechos en abonos.

Para empezar hay que establecer la clasificación de los residuos agropecuarios. Según Montoya en una finca se pueden dar tres tipos de desechos: los domésticos (procesados, crudos y cáscaras), material agrícola (podas, residuos de cosechas, beneficios) y los pecuarios (excremento).

En el caso de los domésticos, que son los más complejos de manejar, es recomendable hacer separación en la fuente entre los materiales orgánicos y los que no lo son.

Un caso puntual, destaca Montoya, son los residuos agrícolas que la gente suele dejar en el suelo, pero esto puede generar problemas porque con la humedad se convierten en focos generadores de plagas y enfermedades.

“Lo deseable en todos los casos es recoger el material y seleccionar un sitio en la finca, mejor si es plano, y acondicionarlo para depositar allí los residuos. Si tiene contacto directo con el suelo es recomendable hacerle una pendiente y zanjas para que no se empantane y poder verter los lixiviados generados”, puntualizó.

Hay que procurar techar el sito para evitar que el material se moje y se deben armar pilas, para hacer el compost, de entre 2 y 3 metros de ancho y 1,8 metros de altura como mínimo.

Montoya aclaró que para formular un buen abono orgánico se debe tener una compensación entre el material vegetal (que es la principal fuente de carbono para los microorganismos que van a favorecer la degradación) y una fuente de nitrógeno orgánica que puede proveerse con los excrementos de los animales.

“Ahí se generan las mezclas, que en su mayoría está compuestas por residuos agrícolas, mejor que sean en base seca, es decir, no hay necesidad de agregar agua porque todos los materiales utilizados contienen altos contenidos de humedad”, agregó.

En la producción de los abonos se debe hacer el control de cuatro variables, fundamentales para el proceso de fermentación que son el ph, la temperatura, la humedad y la geometría de la pila.

El ph debe ser alcalino y para garantizar eso se puede incluir en la formulación cal (2%), si no tiene cómo medirlo. La humedad se puede calcular cogiendo un manojo del material, apretarlo y de él deben salir gotas y no chorros.

“Hay que hacer un volteo del material cada semana y se debe ver que en el centro de la pila hay un incremento de la temperatura bastante considerable, es decir, al punto de quemarse. Debe ser entre 70 y 80 grados centígrados, pero si no se tiene cómo medir, que se sienta temor tocar con la mano. Se debe observar un tono blanquecino y grisáceo y sentir, cuando empieza la fermentación, que hay producción de amoniaco que huele a orines. El proceso normal dura tres meses, sin adicionar coadyuvantes, y en ese tiempo van desapareciendo los tonos y el olor a orines y se va viendo el cambio en los materiales, incluso de color. Hay que insistir en que se debe hacer un volteo a la semana. Al final del proceso la temperatura empieza a bajar y se debe generar un olor a suelo. No debe haber malos olores”, agregó.

La clave, dijo, es buscar una fermentación compensada para garantizar la transformación en abono.

Los abonos orgánicos protegen los suelos
La principal ventaja de producir y utilizar abonos orgánicos en las fincas, aprovechando los desechos generados, es que mejora las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo. Genera ahorros para el agricultor, pero a juicio del presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos, Ángel Alberto Caro, el mayor beneficio es que se aprovecha todos los recursos y materiales generados en las fincas para enriquecer suelos. Otras ventajas están en la estimulación del crecimiento de las plantas y de microorganismos del suelo, se logran cosechas sanas y reducen, sin duda los costos de producción por hectárea. A esto se agrega que se reduce el impacto de los desechos sobre el medio ambiente.