CAN: mucho regionalismo y poco mercado común

Luis Nelson Beltrán Mora

La Comunidad Andina, CAN, como se le conoce al Grupo Andino, Gran, que nació en 1969 con la participación de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Chile, país que se retira en 1976, y Venezuela que entra 1973 y se retira en 2006, tuvo importantes resultados en materia de comercio, institucionalidad y proyección de la integración latinoamericana entre 1970-2005.

El intercambio del grupo pasó de US$100 millones en 1970, a US$12.000 millones en 2005; el mismo fue de alta calidad, toda vez que la promoción de los acuerdos de complementación, y las mismas cadenas productivas regionales en los sectores agro-industrial, siderúrgico y automotor, de los años ochenta, hicieron que la industria representara cerca del 90% de los intercambios. Después del relanzamiento de la zona de libre comercio en 1991, el intercambio intra-grupo alcanzó a representar el 25% del total de exportaciones al mundo; el comercio de bienes se acompañó de importantes inversiones en el espacio integrado, llegando a representar los flujos directos de capital el 30% de los intercambios de bienes.

La Comunidad Andina, CAN, como se le llamó al Gran con la reforma de 1996 que, instauró el Sistema Andino de Integración, SAI, le dio mayor institucionalidad al bloque regional al relanzar los órganos como el Tribunal de Justicia, y la Secretaria de la Comunidad Andina Tjca y Sgca respectivamente; estos dos órganos que son de carácter supranacional, son los que no solo le brindaron reconocimiento a nivel internacional a la CAN, sino más importante los que garantizaron la seguridad jurídica a los negocios dentro del acuerdo, al mismo tiempo que facilitaron de manera más expedita el arbitraje y la solución de controversias en el espacio integrado.

Equivocadamente, y seducidos los países andinos por la firma de tratados de libre comercio con Estados Unidos, su principal socio comercial, la CAN mediante la decisión 598 de 2004 autorizó a Perú, Colombia y Ecuador a firmar los famosos tratados de libre comercio con el país del norte; está decisión no solo precipitó la desintegración en el bloque, sino que peor aún incentivó la nueva fase de regionalismo abierto, esta vez basada en tratados de nueva generación de mayores preferencias que las andinas, e incluso que las que garantiza los AAP de Aladi; pues en los mismos tratados no solo se negociaron intercambio de bienes servicios y capitales, sino que entraron los temas de propiedad intelectual, cultura y hasta compras gubernamentales; así desde la dimisión de Venezuela a la CAN en 2006, en el grupo no se volvió hablar del proyecto para perfeccionar el arancel externo común y mucho menos para avanzar en el mercado común; donde se crearían los fondos estructurales para financiar el intercambio de bienes y servicios, y las instituciones del grupo; pese a que de nuevo Chile solicito su adhesión al grupo, la CAN desde 2006 aceleró el regionalismo abierto. Bolivia y Ecuador, este último que renunció al TLC con los Estados Unidos, se integraron formalmente al proyecto de la Alternativa Bolivariana de las Américas Alba que preside Venezuela.

No obstante que los nuevos mercados podrán ayudar con las exportaciones totales de los andinos, hay que recordar que la idea siempre incumplida en la CAN de un Mercado Común señalaba que las exportaciones no tradicionales podrían llegar a US$15.000 millones en 2010 y no a los US$8.000 registrado en 2011.

La integración regional sirvió para otros acuerdos
La CAN en muchas oportunidades fue la gestora del relanzamiento de la visión integracionista de América Latina. Colombia y Venezuela firmaron en 1994 con México el Grupo de los Tres G-3; luego a expensas de los acuerdos de alcance parcial AAP y complementación económica de Aladi; Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú, firmaron AAP con más países de la región.

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