China ¿economía de mercado y TLC?

Ricardo Duarte

Salvo un hecho extraordinario que lo impida, es inevitable que en menos de seis años China sea la economía más grande del mundo; esté gozando de su estatus de ‘economía de mercado’ a la luz de la Organización Mundial del Comercio y como primer prestamista, segundo socio comercial y progresivo inversionista en América Latina, esté desplazando a EE.UU. de su dominancia en esta región.

China es hoy el segundo socio de Colombia y crece su comercio más rápido que los Estados Unidos. Nuestro intercambio global bilateral superó la barrera de los US$10.000 millones en 2011, con una balanza deficitaria increscendo para Colombia por encima de los US$5.600 millones.

Ese comercio con China no ha crecido por virtud ni de una particular estrategia colombiana, ni de un acuerdo comercial que lo estimule. Crece por virtud única de la dinámica de una China emergente que tiene la capacidad de producir más barato que cualquier otro país del globo y por su insaciable apetito por bienes minero-energéticos.

Congruente con ese contexto y con la prioridad que ya tiene la inserción de Colombia en el Asia Pacífico, el presidente Santos hará su primera visita oficial a China en mayo. Tiene en su agenda los dos temas más trascendentes de negociación para fijar la estrategia a nuestro futuro económico bilateral: el reconocimiento anticipado, oficial y negociado de Colombia a China de su condición de 'economía de mercado' y responder a la pregunta de si iniciamos o no el camino hacia un TLC.

Colombia debe dar el paso del reconocimiento en 2012, ya que a medida que se acerca el 2016, fecha en la que China subirá sola su clasificación de economía en transición a economía de mercado, el valor de la negociación de una contraprestación por ese reconocimiento individual anticipado tiende a cero. Si el presidente Santos lo ofrece durante su visita, ojalá se negocie bien lo que se pedirá a cambio, porque el reconocimiento sí le cuesta a Colombia en la medida que al otorgarlo el país pierde ipso facto capacidad de defensa comercial discriminatoria sobre los productos chinos.

Frente a si negociar o no un TLC con China, anticipo que se pactará en la visita el inicio de un proceso de Estudio Conjunto de Factibilidad (ECF), como paso previo a una eventual negociación de un TLC. Así se dará un compás de espera al interesante debate nacional que provocará el anuncio, y le suministrará oxígeno al equipo negociador para que cierre las negociaciones de los TLC con Corea y Turquía, y corra con el inicio de las negociaciones de acuerdos con Japón – un EPA – y con Israel – un TLC -, si es que son llamados a iniciar esa ambiciosa faena negociadora.

Chile, Perú y Costa Rica prefirieron la opción de tener un TLC con China. Brasil, Argentina, Cuba y Venezuela eligieron la vía del comercio y la cooperación económica administrada vía acuerdos económicos complementarios. Para Chile y Brasil, la China es su primer socio comercial, pero su esquema de integración económica es abiertamente distinto. Así, el engranaje jurídico en América Latina para fortalecer la relación económica con China no pasa necesariamente por un TLC. Esto debe bajarle el calor a los apasionamientos por un solo mecanismo.

Si se optara por un TLC, recordemos que el componente de inversión de un acuerdo comercial se excluiría debido a que el Gobierno Uribe negoció y firmó en 2008 un acuerdo de promoción y protección de la inversión con China, el cual está pendiente de entrar en vigencia este año 2012. Excluido lo relativo a inversión, anticipo también que por virtud de las sensibilidades y amenazas identificadas en los meses venideros de estudio, las solicitudes de exclusiones completas o tratamientos especiales para productos y sectores sensibles, llevarían a que fuesen pocos los productos o sectores objeto de negociación en un TLC.

Visto como se sustrae la materia de un TLC, y hecha una arqueología legal de tratados entre Colombia y China, hay 2 convenios vigentes, uno Comercial y otro de Cooperación Económica – que además dice que 'se desarrollará preferentemente en los sectores agropecuario, minero, industrial y de infraestructura', hoy locomotoras de este Gobierno-, que le permitirían a Colombia personalizar y profundizar su plataforma legal y sus proyectos o empresas binacionales con China.

Esos convenios nos habilitan desde ese entonces para que Comisiones Mixtas bilaterales negocien acuerdos en materia de acceso a mercados y cooperación económica recíproca, dos de los componentes que precisamente justificarían el TLC. La ventaja de acudir a estos mecanismos vigentes es que los acuerdos fundamentados en esos convenios no tendrían que pasar por el Congreso para su aprobación.

En conclusión, es mucho lo que está en juego en materia de decisiones negociadoras con China.

La legislación respalda el proyecto
Hay suficiente marco legal vigente para implementar inmediatamente la contraprestación que se pediría a China por el reconocimiento como 'economía de mercado' y para hacer los acuerdos complementarios sectoriales que se ejecutarían mientras decide si negocia o no un TLC.

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