Editorial: La marca no lo es todo en la imagen nacional

En medio de críticas, como es tradicional, se lanzó la nueva marca país. Pero ojo, hay cosas más allá del maquillaje.

Relanzar la marca que define al país es importante para la nueva Colombia que está construyendo el presidente Santos en medio de un optimista proceso de paz. Era urgente y necesario pasar la página de aquellos slogans obsoletos que trataban sin resultados de cambiar la imagen de país violento que nos persigue desde hace muchas décadas. Atrás quedaron el ‘Colombia es pasión’ o ‘El riesgo es que te quieras quedar’ para darle paso a ‘La respuesta es Colombia’. Este último concepto no es que sea un gran descubrimiento, pero sí tiene un cuento diferente que busca impactar más en las influyentes redes sociales actuales que están determinando muchos procesos sociales, particularmente entre los más jóvenes.

Pero la marca no lo es todo en la imagen de un país. Lo más importante para atraer turismo e inversión de ciudadanos extranjeros es que Colombia sea un país de gente honesta, cariñosa y servicial, donde la cultura del ‘tercer carril’, del ‘dinero fácil’, del ‘vandalismo’ y de la destrucción sistematizada de las buenas costumbres de ornato en nuestras ciudades, sea erradicada de una vez por todas. Tradicionalmente mostramos mucho verde, mucho río, mucha playa y montañas en todas las campañas publicitarias de nuestras ciudades, cuando lo que más debemos cambiar es la cultura de nuestras sociedades e individuos. Colombia debe ser un país culto (entendida esta palabra como respeto y buen trato para con los semejantes) trabajar internamente en la recuperación de valores de sus habitantes para que no tengamos que recurrir a un hermoso paisaje para vender servicios en el mercado externo. Está demostrado que un país no solo se compone de su geografía, sino también de su gente, y ese es quizá el atractivo más importante para un mundo que paga muy bien el trato humano.

La marca no lo es todo en la imagen de un país. El Gobierno de Santos debe trabajar más en la cultura ciudadana, en la imagen del país que tenemos internamente, pues si ese proceso no se adelanta seguirá cojo. Por ejemplo, los colombianos somos muy duros con el flagelo de la corrupción y los indicadores internacionales también demuestran que somos un país ligero con los recursos públicos. Cambiar esa realidad debe empezar por los mismos funcionarios quienes son los protagonistas de ese problema. La inseguridad y la violencia tiene otro marco social como es la pobreza y la cultura del dinero fácil, pero eso tiene más solución cuando el crecimiento económico genere los puestos de trabajo que saquen a millones de colombianos de la pobreza absoluta.

La verdadera marca nacional debe ser un país convencido de que la paz es la mejor forma de vida y que esa estilo de convivencia es un modelo para experimentar en cualquier cultura moderna.