La inversión y el rol de Colombia como parte del grupo de los Civets

Óscar Eduardo Medina

Primero fueron los Brics y luego los Civets, interesantes agrupaciones de mercados emergentes con buenas perspectivas de desarrollo futuro.

Sur África tiene el honor de pertenecer a ambos grupos, aunque originalmente la 's' de Brics era más de plural que por Sur África, y Colombia entra a encabezar el honroso grupo de los Civets, no porque sea el mejor o el de más posibilidades de crecimiento, sino porque estamos de primero en el alfabeto.

Los Civets son países muy diversos, desde su población hasta el tipo de recursos naturales que poseen, de 46 millones de habitantes a 230 millones, o desde petróleo a diamantes. Tienen similitudes interesantes, como una creciente Inversión Extranjera Directa (IED), geoestratégicamente localizados y con exportaciones basadas en productos primarios y recursos naturales; otras no tan buenas, como altos niveles de desempleo, corrupción e inequidad.

Sin embargo, tenemos algo común. Estamos en un mismo grupo, y como tal, Colombia se ha vuelto más visible para los inversionistas extranjeros, bien sea, con objetivos de rendimientos de corto plazo, lo que se denomina inversión extranjera de portafolio, o duradera, de largo plazo, que invierte en los sistemas productivos de un país y están para quedarse, no para elevar anclas en el momento que las condiciones financieras mundiales no favorezcan el permanecer en un mercado de capitales en particular.

Los países emergentes, con mercados de capitales financieros pequeños, de poco desarrollo comparativo con los grandes mercados financieros mundiales (Nueva York, Frankfurt, Londres, Japón, entre otros), deben procurar la búsqueda no de la inversión extranjera de portafolio, que debido a su característica cortoplacista puede generar volatilidad e inestabilidad en sus economía, sino más bien en la inversión extranjera productiva, de largo plazo, aquella que bien manejada pudiese tener un efecto mayor en el desarrollo económico y bienestar de su población.

Debido a la consabida globalización, un mundo pequeño, plano, con mayor facilidad de movimiento de bienes, servicios y capitales, cada vez más los países del mundo compiten entre sí para atraer esos flujos de inversión extranjera directa, modificando en ocasiones sus políticas internas para volverse más atractivos. Esas políticas pueden ser pasivas, que existen porque se tiene alguna ventaja comparativa, como recursos naturales, mano de obra barata, o una posición geográfica privilegiada; o pueden ser activas, aquellas en las cuales conscientemente el país se modifica para poder ser más competitivo y por ende, más atractivo. Ejemplos de esas políticas activas incluyen desarrollo y mejora de la infraestructura, transparencia del estado, un sistema jurídico eficiente y que realmente funcione, o sistemas tributarios sencillos, de fácil aplicabilidad, y por supuesto, con tasas comparativamente más bajas, entre otras.

Al estar, entonces, dentro de este grupo, estamos compitiendo más directamente por esa IED, lo que implicaría que el estado colombiano debería promover políticas activas que puedan aprovechar las oportunidades de mejora comparativa y traer más inversión extranjera, pero no sólo para la explotación de los recursos naturales y otros commodities, sino para la industria de valor agregado, que, a mi manera de ver, debería ser el foco de atención de nuestro futuro comercial, y más ahora que entrarán a funcionar diferentes TLCs.