Transgénicos con futuro

María Andrea Uscátegui

Los cultivos transgénicos son la tecnología que se ha adoptado con mayor rapidez en la historia de la agricultura. Debido a las ventajas y aporte a la sostenibilidad que ofrece, productores de 29 países sembraron cultivos biotecnológicos en 2011 para usos en la alimentación humana, de forrajes y producción de fibras textiles.

En los últimos años factores como el cambio climático y la creciente población mundial han llevado a científicos a trabajar en el desarrollo de variedades para afrontar tales retos.

Durante la primera ola de la biotecnología agrícola moderna la investigación estuvo enfocada al desarrollo de cultivos genéticamente modificados (transgénicos) con características que le permitieran al agricultor hacer frente al ataque de plagas, enfermedades y malezas.

La segunda generación ofrece mejores cultivos con características que ayudan a enfrentar retos como la sequía, inundaciones, temperaturas extremas, suelos salinos y brinda la posibilidad de tener alimentos con mayor contenido nutricional.

Su adopción ha requerido que gobiernos muestren voluntad política para incluir este tipo de tecnologías y así ofrecer opciones para sus agricultores. Esto, además, debe ir acompañado del componente de análisis de base científica, pues es a través de la ciencia que se puede determinar la seguridad.

América es el continente que ha registrado el mayor nivel de adopción. El caso Brasil evidencia que la articulación entre las políticas de gobierno y la investigación, así como la rigurosidad científica, han permitido que a 2011 ocupe el segundo lugar, después de Estados Unidos, con 30,3 millones de hectáreas sembradas.

Colombia tiene una regulación sólida y experiencia, siendo ejemplo para muchos países de la región. El ICA trabaja en el análisis y aprobación de este tipo de cultivos para que los productores tengan acceso. A nivel comercial hay aprobadas algunas tecnologías para algodón, maíz, soya y rosas y claveles. Así mismo, la Universidad Nacional, la Corporación de Investigaciones Biológicas y el Ciat le apuestan a esta tecnología realizando investigaciones para desarrollar nuevas variedades.

Los esfuerzos que se hacen en materia de investigación y desarrollo serán la base para ofrecer oportunidades que garanticen la proyección de un camino sostenible y más competitivo para el sector agrícola. Si existe la voluntad política para el desarrollo y adopción de aplicaciones biotecnológicas innovadoras, sistemas de regulación basados en criterios científicos y eficaces en tiempo y costos, las perspectivas para años posteriores serán muy prometedoras.