Carta de una compradora frustrada

Paola Cadavid

Queridos vendedores: les escribo para comunicarles mi pequeña frustración. Como no dispongo de mucho tiempo libre, aprovecho las facilidades de las comunicaciones y la tecnología para hacer mis compras vía electrónica.

Necesitando unos archivadores y unas sillas de escritorio, llamé a una empresa para que me realizara la cotización de los muebles. Me enviaron la cotización vía correo electrónico, por el mismo medio la aprobé y quedé a la espera de que me llegaran los muebles. Unos 15 días después de la operación, nada que llegaba mi pedido.

Coticé con una segunda empresa. Precios, tiempos y productos similares. Nuevamente, recibí la cotización vía mail y aprobé la compra.  ¡Hace dos meses que espero que me lleguen los muebles! ¡Menos mal que no los había pagado!

Pensé que era algo del sector. Quizás no están preparados para el esquema de las compras a distancia y necesitan que el cliente llegue hasta las oficinas a comprar.

Necesitando un gel antibacterial para mejorar la salud del equipo de trabajo, busco los datos del producto en internet y llego a la empresa que lo suministra en Bogotá.

Es una empresa grande, incluso surten clínicas en la capital. Llamé, y me enviaron la cotización vía mail. Establecemos tiempos, cantidades y precios, todo por el mismo medio; corroboro que el proceso vía internet funcione y me confirman que sí. Feliz, autorizo la compra…¡Y sigo esperando el gel desde hace mas de un mes!

Lo curioso, es que el país solo habla del TLC y lo bueno que será, pero el mercado no se ha preocupado por solucionar aquellos inconvenientes que dificultan el proceso de compra. En Colombia aún llaman a confirmar datos del producto y los tiempos de entregan no siempre se cumplen.

Las compras en línea de portales internacionales están tan bien organizadas que cualquier error es más culpa del comprador que del vendedor. Los tiempos de respuesta a inquietudes son casi inmediatos y el cumplimiento en las entregas es absoluto. Al comprador no lo llaman a menos que surja un imprevisto, y eso es extraño.

Si los empresarios desean crecer y los vendedores desean vender más, hay que facilitarle el proceso al comprador.

Si sé que quiero, lo puedo pagar, y el método de pago es viable para ambas partes, ¿por qué debo ir hasta la tienda física de la empresa para pagar?
¿Para qué promocionarse en internet, en páginas amarillas y demás medios, si el mensaje que le dejan al comprador es que no les interesa vender, a menos que la compra sea directamente en el local?

Y como aún no tengo el tiempo, no he comprado nada de lo que necesito.

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